La Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) de Madagascar ha anunciado la celebración de un referéndum constitucional programado para junio de 2027. Esta decisión se enmarca en un proceso de transición política que sigue a un golpe de Estado militar que llevó al poder al general Michael Randrianirina. Además, las elecciones presidenciales están previstas para octubre de ese mismo año, lo que marca un paso significativo en la reconfiguración del panorama político del país.

El presidente de la CENI, Thierry Rakotonarivo, ha detallado que este proceso incluirá una reforma integral del censo electoral. Esta reforma tiene como objetivo actualizar la información de los votantes y garantizar la fiabilidad del registro electoral, una tarea que comenzará a finales de junio de 2026. La necesidad de una revisión del censo es crucial, considerando que el contexto actual refleja una crisis de confianza en las instituciones en medio de las convulsiones políticas en Madagascar.

Esta iniciativa ocurre en el contexto de un programa de "refundación" que el presidente de transición, Randrianirina, presentó ante la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC). El plan, que consta de cuatro fases, busca rediseñar la Constitución de lo que se denomina la Quinta República. Este esfuerzo es parte de un intento más amplio por restaurar la legitimidad institucional tras el tumulto que llevó a la caída del presidente Andry Rajoelina, quien se vio obligado a abandonar el país en medio de protestas masivas.

El ascenso al poder de Randrianirina se produjo en octubre de 2025, después de que una unidad de élite del Ejército decidiera apoyar a los manifestantes en lugar de reprimirlos. Las protestas habían surgido en respuesta a los continuos cortes de agua y electricidad, además de la corrupción arraigada en el gobierno de Rajoelina. La violencia policial durante estas manifestaciones resultó trágicamente en la muerte de más de 20 personas, lo que evidenció la profundidad del descontento social y la fragilidad del orden público.

En respuesta al golpe de Estado, la Unión Africana (UA) tomó medidas drásticas y suspendió a Madagascar hasta que se restableciera el orden constitucional. Esto incluye la exigencia de un gobierno de transición liderado por civiles y la organización de elecciones que sean percibidas como "libres, justas, creíbles y transparentes". La situación actual plantea interrogantes sobre la viabilidad de estas elecciones y la capacidad de las nuevas autoridades para cumplir con los estándares internacionales.

Desde el golpe de Estado, Madagascar ha estado experimentando un giro hacia la cooperación con Rusia, lo que ha generado preocupación entre sus vecinos y aliados internacionales. Randrianirina, en un gesto simbólico, recibió en febrero al presidente ruso Vladimir Putin, y tuvo una reunión con el general de la inteligencia militar rusa, Andrei Averianov, quien es considerado un actor clave en las operaciones rusas en el continente africano. Esta nueva alineación geopolítica añade una capa de complejidad a la ya frágil situación política de Madagascar y plantea interrogantes sobre su futuro en el contexto regional.