En un contexto político complejo, el expresidente senegalés Macky Sall ha decidido continuar con su candidatura para suceder a António Guterres como secretario general de la ONU, a pesar de la falta de respaldo de la Unión Africana (UA). Esta información fue confirmada por su oficina de comunicación, que destacó la vigencia de su postulación presentada y registrada el 2 de marzo de 2026.

El pasado viernes, durante una reunión crucial, la UA notificó que 20 de sus países miembros, entre los cuales se encuentra Senegal, decidieron no apoyar la candidatura de Sall. Esta decisión se enmarca dentro del procedimiento de silencio, un mecanismo que permite que una propuesta avance si no hay oposición significativa antes de una fecha límite; en este caso, el 27 de marzo. Al no lograr dicho apoyo, la UA concluyó que el proyecto de decisión sobre la candidatura de Sall no fue adoptado, lo que representa un revés importante para el expresidente.

Sin embargo, la oficina de Sall argumenta que el respaldo a su candidatura no es tan negativo como se pinta. Según su equipo, de los 55 Estados miembros de la UA, 35 no emitieron objeciones al proyecto de decisión ni solicitaron prórrogas para el procedimiento de silencio. Aunque 20 países manifestaron su oposición, solo 14 presentaron objeciones formales, mientras que otros 6 pidieron más tiempo sin oponerse directamente a la candidatura. Esta interpretación pone de relieve las divisiones internas en la UA y sugiere que el apoyo hacia Sall podría ser más sólido de lo que se ha reportado.

Además, el equipo de Sall indicó que dos países que inicialmente se habían opuesto, Egipto y Liberia, han retirado sus objeciones, lo que podría cambiar la dinámica del apoyo a su candidatura. En este sentido, el expresidente se aferra a la posibilidad de que las objeciones puedan disminuir y que su candidatura reciba un impulso renovado en las próximas semanas. La actitud de su oficina refleja una estrategia de comunicación calculada, que busca mantener la moral alta y la percepción de que su candidatura sigue siendo viable.

Desde su gestión, que abarcó desde 2012 hasta 2024, Sall ha sido visto por sus partidarios como un líder con la capacidad de abordar las complejidades de la diplomacia internacional y de representar los intereses africanos en foros globales. Sin embargo, su legado no está exento de controversias, ya que enfrenta críticas por las represiones a la oposición durante su mandato, lo que podría influir en la percepción de su candidatura en un contexto donde la unidad africana es crucial para tener un peso en la selección del nuevo secretario general de la ONU.

La falta de un consenso claro dentro de la UA podría erosionar la influencia de África en el proceso de selección en la ONU, donde el respaldo regional juega un papel fundamental. Las elecciones para elegir al sucesor de Guterres, cuyo mandato finaliza el 1 de enero de 2027, están programadas para finales de este año, lo que pone presión sobre Sall y su equipo para conseguir el apoyo necesario en un tiempo limitado. La situación actual plantea interrogantes sobre la capacidad de África para presentar una candidatura unificada y fuerte en un momento en que la comunidad internacional observa con atención la evolución de este proceso.

A medida que se acercan las elecciones y las dinámicas dentro de la UA continúan cambiando, el futuro de la candidatura de Macky Sall sigue siendo incierto. La historia de su carrera y su papel en la política africana serán factores determinantes en la forma en que se desarrolle esta situación en los próximos meses.