Luis Solanas, reconocido bailarín de tango y dueño de la emblemática milonga La Viruta en Buenos Aires, revivió su inolvidable experiencia como instructor y compañero de baile de la icónica Madonna durante el rodaje de 'Evita' en 1996. En una reciente entrevista, Solanas compartió anécdotas y reflexiones sobre su primer encuentro con la Reina del Pop, un momento que no solo marcó su carrera, sino que también dejó una profunda huella en su vida personal. "La conocí en un hotel, nos miramos a los ojos y ella me evaluó de arriba abajo, ya que iba a bailar con ella", rememoró el bailarín, quien, aunque ya tenía un acuerdo verbal, aún esperaba la firma del contrato. Aquel primer saludo fue breve –"chau, hasta luego"– pero pronto las cosas cambiarían para él.
La experiencia de Solanas trabajando junto a Madonna fue una mezcla de alta exigencia profesional y momentos de conexión genuina. Como bailarín principal, tuvo la oportunidad de participar en ensayos privados y en coreografías que lo llevaron a descubrir un lado humano y solidario de la artista que muchas veces queda oculto tras su fama. En el transcurso de esos ensayos, las largas jornadas de trabajo se vieron acompañadas de una serie de gestos que marcaron significativamente su vida, lo que demuestra que más allá de ser una estrella internacional, Madonna también tenía una gran capacidad para empatizar con quienes la rodeaban.
El primer ensayo tuvo lugar en un hotel de Puerto Madero, donde la seguridad era extrema. "Siempre había dos custodios que revisaban todo al entrar", recordó Solanas, haciendo hincapié en la atmósfera de privacidad que rodeaba a la cantante. A pesar de las estrictas medidas de seguridad, la conexión que se estableció entre ambos fue más allá de las circunstancias. Un momento clave ocurrió cuando Madonna, de manera inesperada, le preguntó acerca de su situación económica. "Me preguntó: ¿cuánto ganás?", recordó el bailarín, quien sintió que esa pregunta anticipaba un gesto significativo.
Madonna, consciente de la realidad de los artistas en el mundo del espectáculo, decidió ofrecerle una ayuda inesperada. "Le dije la cifra y me respondió: 'Quiero que me des quince clases y yo te voy a pagar lo mismo que ganás cuando filmás'", compartió Solanas. Este gesto no solo alivió sus preocupaciones financieras, ya que estaba luchando por pagar un departamento, sino que también evidenció la solidaridad de la cantante. "Era importante para mí, lo terminé de pagar gracias a su ayuda", reconoció, subrayando el impacto que tuvo en su vida.
Durante los dos meses de rodaje, la relación entre Solanas y Madonna se fue fortaleciendo. Más allá de las horas de ensayo, compartieron cenas y largas conversaciones que permitieron al bailarín apreciar un lado más íntimo de la estrella. "Iba a cenar con ella, hablábamos y compartíamos experiencias", apuntó, resaltando la confianza que se fue construyendo entre ambos a medida que pasaban más tiempo juntos. Estas interacciones no solo enriquecieron su experiencia profesional, sino que también ayudaron a derribar barreras entre dos artistas de realidades muy diferentes.
La llegada de Madonna a Argentina en enero de 1996 para interpretar a Eva Duarte de Perón, bajo la dirección de Alan Parker, no estuvo exenta de controversias. Sin embargo, la experiencia que vivió Solanas con ella durante el rodaje se presenta como un ejemplo de cómo el arte puede unir a personas provenientes de contextos distintos, creando lazos que trascienden la superficialidad de la fama. A través de su relato, Solanas no solo rinde homenaje a su carrera y a su pasión por el tango, sino que también celebra la humanidad que puede encontrarse en el mundo del espectáculo, recordándonos que detrás de cada figura pública hay historias de lucha y superación.



