Nahuel Gallo, gendarme argentino, ha sido liberado tras 448 días de cautiverio en Venezuela. El cabo primero de la Gendarmería Nacional dejó la prisión de El Rodeo 1, donde vivió una experiencia desgarradora, sin contacto con su familia y sin un juicio formal que garantizara sus derechos. Su situación se enmarcó en el contexto de una dictadura narcoterrorista que, tras una reciente intervención militar, decidió liberar a varios prisioneros como parte de una estrategia política.

Gallo, quien fue víctima de desaparición forzada, regresó a su país para reunirse con su hijo Víctor, su pareja María Alexandra y su madre Griselda, quienes nunca dejaron de luchar por su libertad. La noticia de su liberación fue un momento de gran alegría y alivio para sus seres queridos, quienes enfrentaron una larga y angustiante espera de 10.750 horas. La confirmación de su estado llegó esta semana, cuando pudo comunicarse brevemente con su esposa, lo que generó una mezcla de esperanzas renovadas y emociones intensas.

El camino hacia su liberación incluyó una huelga de hambre llevada a cabo por otros prisioneros extranjeros, quienes exigieron la aplicación de una ley de amnistía. Esta movilización tuvo un impacto significativo, lo que llevó al régimen a liberar a algunos de sus cautivos. Sin embargo, el regreso de Gallo se produce en un clima de cautela, ya que su experiencia resalta la gravedad de la situación de los derechos humanos en Venezuela. La historia de Gallo no solo refleja su lucha personal, sino también la complejidad de las relaciones entre Argentina y el régimen venezolano, que ha sido enfrentado por el gobierno argentino actual.