El presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, quien es un destacado aliado del partido chií Hizbulá, instó a la población a mantener la calma y evitar enfrentamientos internos en medio de las manifestaciones que estallaron tras el anuncio de un nuevo acuerdo marco entre Líbano, Israel y Estados Unidos. En un mensaje dirigido a sus seguidores, Berri enfatizó la importancia de la unidad y la prudencia, citando un proverbio del primer imán chií, Ali ibn Abi Tálib, que advierte sobre los peligros de la discordia en tiempos de crisis. La situación se torna delicada en un contexto donde las tensiones políticas y sociales han estado a la orden del día en el país.

Las protestas comenzaron la noche anterior, cuando un grupo de jóvenes simpatizantes de Hizbulá bloqueó la carretera Salim Salam en Beirut, utilizando neumáticos en llamas como símbolo de su descontento. Estas manifestaciones surgieron como respuesta inmediata al acuerdo firmado, que muchos consideran una concesión inaceptable hacia Israel. La reacción de los militantes refleja un descontento creciente entre las bases de Hizbulá, que perciben el pacto como una traición a la causa nacional y a la lucha histórica contra la ocupación israelí.

En el marco de estas tensiones, el diputado del partido, Hasán Fadlallah, se pronunció en contra del acuerdo, describiéndolo como "un regalo al enemigo israelí". Estas declaraciones subrayan la fractura existente entre las diversas facciones políticas del Líbano y la resistencia de Hizbulá a cualquier acercamiento con Israel, a pesar de la mediación estadounidense. Fadlallah no solo rechazó el acuerdo, sino que también llamó a la población a movilizarse contra lo que considera un acto de capitulación del Gobierno libanés.

Por otro lado, el presidente del Líbano, Joseph Aoun, ha defendido el acuerdo marco, afirmando que representa "el primer paso" hacia la restauración de la soberanía plena del país. Aoun se comprometió a trabajar incansablemente para alcanzar este objetivo, lo que ha generado críticas y escepticismo entre aquellos que consideran que el acuerdo podría debilitar la posición del Líbano en la región. La disparidad en las opiniones sobre este acuerdo refleja la complejidad de la situación política interna y las diferentes visiones sobre cómo debería manejarse la relación del país con Israel.

Este contexto de protestas y divisiones internas es particularmente relevante dado que Líbano ha estado lidiando con una crisis económica y política profunda, que ha exacerbado las tensiones sectarias y ha debilitado la confianza en las instituciones. Con un panorama tan fragmentado, las declaraciones de Berri y Aoun son indicativas de la lucha por el control de la narrativa política en un momento crítico para el futuro del país. La comunidad internacional observa con atención estos desarrollos, ya que las decisiones tomadas en Beirut tendrán un impacto significativo en la estabilidad de la región.

En este sentido, el papel de Hizbulá y su capacidad para movilizar a sus bases se convierte en un factor clave en la ecuación política del Líbano. La organización ha demostrado históricamente su influencia en las calles y su habilidad para canalizar el descontento popular. Sin embargo, la pregunta que queda en el aire es si el partido podrá mantener su cohesión interna frente a las presiones externas y la fragmentación social que se ha intensificado en los últimos años. La situación en Líbano sigue siendo volátil, y el futuro político del país parece estar en una encrucijada que podría determinar su rumbo en el escenario internacional.