En un contexto de creciente tensión política y militar, el presidente libanés Joseph Aoun expresó su agradecimiento a los países del Golfo Pérsico por su reciente llamado a que las armas permanezcan únicamente en manos del Estado. Esta declaración se produce en un momento crítico para Líbano, donde la influencia del grupo chií Hizbulá sigue siendo un tema de controversia y debate nacional. El reconocimiento del presidente se da en el marco de una declaración conjunta que también involucró al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien ha sido un ferviente defensor de la soberanía libanesa.

Durante su discurso, Aoun subrayó la importancia de que el Estado libanés ejerza su autoridad sobre todo su territorio y que las armas estén bajo el control de las instituciones legítimas, tal como lo establece la Constitución libanesa y diversas resoluciones internacionales. Este llamado a la soberanía se presenta como un paso fundamental hacia la estabilidad del país, que ha sufrido durante años por la fragmentación del poder y la proliferación de grupos armados no estatales, como Hizbulá, que desafían la autoridad del gobierno central.

En la declaración emitida, los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que incluye a Arabia Saudí, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin y Omán, enfatizaron que la plena soberanía de Líbano no podría ser alcanzada mientras existan grupos armados operando fuera del control estatal. Este mensaje claro y contundente busca presionar para que se lleve a cabo el desarme de Hizbulá y otros grupos, restableciendo así el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado. La posición de los países del Golfo refleja no solo una preocupación por la estabilidad de Líbano, sino también por la influencia iraní en la región, que se manifiesta a través del apoyo a Hizbulá.

A pesar de estos reclamos internacionales, el líder de Hizbulá, Naim Qassem, ha instado a Irán, su principal aliado, a mantener su apoyo incondicional. Esta solicitud resalta la complejidad de la situación en Líbano, donde la lealtad a diferentes poderes regionales y externos ha creado un escenario de constante tensión. La postura de Hizbulá y su resistencia a desarmarse plantea un desafío significativo para el gobierno libanés, que busca consolidar su autoridad y restaurar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.

Además de agradecer el apoyo del Golfo, Aoun también destacó la importancia de preservar la seguridad y estabilidad del país, haciendo hincapié en la necesidad de implementar reformas que fortalezcan las instituciones estatales. Este enfoque es esencial para abordar las aspiraciones de los libaneses por un Estado más fuerte y justo, capaz de enfrentar las múltiples crisis que ha atravesado el país en los últimos años, desde la crisis económica hasta las tensiones sectarias.

En el contexto de las reformas, se aprobó un plan a finales de 2025 que cuenta con el respaldo de Estados Unidos para que las Fuerzas Armadas libanesas lleven a cabo el desarme de Hizbulá. Sin embargo, este plan ha enfrentado la resistencia de Hizbulá y sus aliados en el gobierno, lo que pone de manifiesto la profunda polarización política que afecta al país. La implementación efectiva de dicho plan dependerá de la capacidad del gobierno libanés para negociar y encontrar un terreno común con todos los actores involucrados, algo que hasta ahora ha resultado ser un desafío monumental.