Luciano Laspina ha regresado al ámbito público desde una nueva perspectiva. Luego de desempeñarse durante varios años como uno de los referentes económicos del PRO en el Congreso, ahora ocupa el cargo de director ejecutivo del Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC). Esta organización se ha posicionado como una de las más influyentes en el desarrollo de políticas públicas en el país, y desde allí, Laspina busca distanciarse de la lógica partidaria sin renunciar al debate crucial sobre cómo lograr un orden en una economía que lleva más de quince años estancada.
A pocos días de la cena anual de CIPPEC, programada para el 20 de abril en la Ciudad de Buenos Aires, Laspina ha planteado una consigna que, aunque simple, es rotunda: “Crecer o crecer”. Este evento reunirá a figuras de diversos sectores, incluyendo políticos de todas las ideologías, magistrados, diplomáticos, empresarios, académicos y miembros de la sociedad civil. Durante la cena, tanto José Orlando, presidente del Consejo de Administración de CIPPEC, como Laspina serán los encargados de abordar este importante tema.
En una reciente entrevista, Laspina enfatiza que su propuesta no es un mero eslogan, sino un diagnóstico profundo de la situación actual. El director ejecutivo caracteriza esta consigna como un “rezo laico”, una forma de expresar la necesidad urgente de abordar los problemas estructurales que enfrenta Argentina: un país que no crea empleo, que incrementa la pobreza y que sufre crisis recurrentes, obstruyendo cualquier perspectiva de desarrollo sostenible.
En este contexto, Laspina introduce una discusión que intenta ir más allá de la tradicional grieta política. A su juicio, antes de entrar en debates sobre modelos económicos, ya sea a favor de un mayor o menor tamaño del Estado, o de más apertura versus mayor protección, es imperativo establecer acuerdos básicos que prevengan crisis cíclicas. Estos acuerdos, que denomina “preideológicos”, se fundamentan en tres pilares esenciales: el respeto por los contratos, el equilibrio fiscal y una política monetaria que no dependa del Banco Central para financiar al Tesoro.
La relevancia de esta propuesta se hace aún más evidente en el contexto actual, donde el gobierno de Javier Milei está implementando un programa de estabilización y desregulación. Mientras tanto, la oposición plantea críticas sobre la dirección económica y las herramientas seleccionadas para llevar a cabo estas reformas. En este panorama, la construcción de consensos se presenta como una tarea compleja y lejana. Sin embargo, Laspina menciona que, aunque pueda parecer “utópico”, podrían surgir incentivos alineados que faciliten el avance hacia un acuerdo.
La entrevista de Laspina también revela una tensión fundamental en el momento económico que atraviesa el país. Por un lado, se busca la estabilización macroeconómica, con un enfoque particular en la disminución de la inflación. Por otro, se enfrenta la necesidad de una transformación estructural que permita la transición de una economía cerrada y regulada hacia una más abierta y competitiva. Este cambio, advierte, genera una dinámica desigual, donde algunos sectores experimentan un crecimiento robusto, mientras que otros, especialmente aquellos más intensivos en mano de obra, enfrentan retrocesos.
“Hoy vivimos en una economía a dos velocidades”, afirma Laspina, quien también incorpora una variable crucial en su análisis: la escasez de crédito. Sin acceso a financiamiento, sostiene, no se puede fomentar el crecimiento necesario para reactivar la economía. Este contexto, sumado a la falta de confianza en las instituciones, plantea desafíos significativos que requieren una atención urgente y un compromiso sincero por parte de todos los actores involucrados en la construcción del futuro económico del país.


