La reciente reapertura del estrecho de Ormuz no garantiza la reactivación inmediata del transporte marítimo ni de los flujos de petróleo. Expertos pronostican que el proceso de estabilización podría llevar entre seis y ocho semanas, siempre y cuando las negociaciones de paz entre Irán y Estados Unidos avancen positivamente. Esta situación plantea un desafío significativo para el mercado energético global, que ha estado bajo la presión de los conflictos en la región desde finales de febrero.

Gonzalo Escribano, investigador principal en el ámbito de Energía y Clima del Real Instituto Elcano, expone que en un plazo de dos a tres meses podría lograrse la recuperación de entre el 80% y el 90% de los catorce millones de barriles diarios que transitaban por el estrecho antes del inicio de la guerra. Este volumen de petróleo es crucial, ya que representa una parte significativa del suministro mundial, especialmente para economías dependientes del crudo de la región. En este contexto, el mercado energético se encuentra en una encrucijada que podría afectar los precios y la disponibilidad de recursos en el corto y mediano plazo.

El impacto psicológico de la reapertura de Ormuz ya se ha sentido en la economía, aunque el profesor Oriol Montanyà de la Barcelona School of Management advierte que podría persistir el fenómeno del 'cohete-pluma' en los precios de los combustibles. Esto implica que, si bien los precios pueden experimentar un aumento abrupto al inicio del conflicto, las caídas en los precios podrían ser más lentas y prolongadas. Esta dinámica genera incertidumbre en el mercado y afecta a consumidores y empresas, quienes deben adaptarse a un entorno volátil.

Para que la normalización del flujo de petróleo sea efectiva, Escribano señala que es necesario reabrir las infraestructuras energéticas del golfo Pérsico, un proceso que podría requerir entre tres y cuatro semanas. Además, se deben considerar otros tres o cuatro meses para la logística de los buques, muchos de los cuales han permanecido anclados en Ormuz durante meses. Esta situación pone de manifiesto la fragilidad de la cadena de suministro y la importancia de contar con estrategias de contingencia para mitigar los efectos de futuros conflictos.

Aunque algunos activos energéticos sufrieron interrupciones durante las primeras semanas de la guerra, el alto el fuego ha permitido reparar muchos de los daños, lo que podría facilitar una reactivación más rápida. Sin embargo, la naturaleza del producto influirá en el tiempo de recuperación. Por ejemplo, el crudo puede ser restaurado más rápidamente que los procedimientos asociados al gas natural licuado de Catar, que podrían extenderse por varias semanas más, al igual que los derivados como el queroseno y el gasóleo.

Montanyà también destaca que, a diferencia de otras crisis energéticas, el consumidor europeo no ha enfrentado escasez de gasolina, sino un aumento en los costos de suministro. Las mayores repercusiones las han sufrido países del Sudeste Asiático y China, que debieron redirigir sus rutas marítimas debido a la interrupción del crudo de Ormuz. Esto subraya la interconexión de los mercados globales y cómo un conflicto en un punto estratégico puede tener efectos en cadena a nivel mundial.

Finalmente, el experto del Real Instituto Elcano enfatiza que la capacidad de Irán para cerrar el estrecho durante períodos prolongados ha generado una prima de riesgo geopolítico que se mantendrá en el tiempo. A pesar del deseo de los países del golfo Pérsico de incrementar sus exportaciones, lo que podría facilitar una recuperación rápida aunque incompleta, la incertidumbre geopolítica seguirá influyendo en el mercado petrolero. En este sentido, el futuro del transporte marítimo y del suministro de petróleo en la región se presenta incierto, lo que exige una vigilancia constante de los acontecimientos en el área.