Recientemente, se ha reavivado el debate sobre la moralización en la política, un tema que invita a la reflexión sobre la relación entre la ética y la gestión pública. La dicotomía entre la fraternidad y la economía plantea interrogantes sobre cómo estos dos paradigmas pueden coexistir en un sistema que a menudo favorece el individualismo y la competencia. En este contexto, la Iglesia Católica, a través de la figura del papa Francisco, resalta la importancia de las Bienaventuranzas como una guía moral fundamental para los cristianos.
El papa Francisco ha instado a la comunidad a meditar sobre las Bienaventuranzas del Sermón de la Montaña, destacando su relevancia como "carta de identidad" del cristiano. Estas enseñanzas de Jesús no solo se dirigen a sus discípulos, sino que también abarcan a toda la humanidad. El monte donde se pronuncian estas enseñanzas evoca el Sinaí, lugar donde se entregaron los diez mandamientos, estableciendo así un paralelo entre las antiguas y las nuevas normas que guían la vida de los creyentes hacia la felicidad auténtica.
Las Bienaventuranzas se estructuran en tres partes: un reconocimiento de la condición del individuo, la declaración de la felicidad y la razón detrás de esta afirmación. Durante una audiencia general, el Papa se centró en la cuarta Bienaventuranza, que alude a la necesidad de justicia. Al abordar el hambre y la sed de justicia, se enfatiza que estas no son meras aspiraciones, sino necesidades vitales inherentes al ser humano. A pesar de los avances tecnológicos, la búsqueda de justicia sigue siendo un desafío constante en la sociedad actual.



