En el municipio de Valle del Guamuez, situado en el departamento de Putumayo, Colombia, los cultivos de coca se han convertido en una presencia permanente en el paisaje rural. A lo largo de los caminos y en las proximidades de las viviendas, estos arbustos verdes crecen sin disimulo, formando parte del entorno cotidiano de una región que se encuentra en la frontera con Ecuador. A pesar de la ilegalidad de esta práctica, la producción de coca sigue siendo un pilar fundamental de la economía local, evidenciando la complejidad del fenómeno del narcotráfico en el país.
Los campesinos de la zona, quienes solicitaron mantener su anonimato por motivos de seguridad, han expresado que el negocio de la coca atraviesa por un período complicado. La influencia de grupos armados ilegales sobre el precio de la pasta base de coca ha generado un descenso significativo en los ingresos de los productores. Actualmente, la remuneración por el gramo de coca ronda los 2.600 pesos colombianos (aproximadamente 70 centavos de dólar), un valor que ha caído drásticamente desde los 3.500 e incluso hasta los 5.000 pesos que se pagaban anteriormente, lo que ha impactado negativamente en su sustento diario.
A pesar de la disminución en los precios, muchos agricultores reconocen que la coca sigue siendo su única alternativa viable. Los cultivos tradicionales como el cacao, el plátano, el maíz o la yuca, promovidos en programas de sustitución del Gobierno, no logran competir con la rentabilidad de la hoja de coca. "Podemos optar por sembrar otros productos, pero la falta de vías adecuadas para transportarlos hace que sea casi imposible comercializarlos", enfatizan los campesinos, resaltando la importancia de la infraestructura para el desarrollo agrícola.
El Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS) ha sido una de las iniciativas del Estado colombiano para abordar esta problemática. Sin embargo, los agricultores de Valle del Guamuez coinciden en que las condiciones estructurales de la región dificultan que los cultivos legales puedan ofrecer una alternativa económicamente atractiva frente a la coca. La realidad es que, en un contexto donde las posibilidades son limitadas, la coca se convierte en una decisión económica obligada para muchos.
En un informe reciente de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), se reveló que Colombia alcanzó un récord de 253.000 hectáreas dedicadas al cultivo de coca en 2023, consolidándose como el principal productor mundial de cocaína. Esta situación es particularmente preocupante en departamentos como Putumayo, donde la concentración de estos cultivos es más alta. Frente a estas cifras, el Gobierno del presidente Gustavo Petro ha cuestionado los métodos utilizados por la ONU para medir la extensión de los cultivos ilícitos y la producción de cocaína, proponiendo un cambio de enfoque en la lucha contra las drogas.
El nuevo enfoque del Gobierno prioriza la persecución de las organizaciones narcotraficantes, dejando a los agricultores en un lugar vulnerable dentro de la cadena de producción. No obstante, en las áreas rurales persisten desafíos significativos, ya que los campesinos advierten que, sin la infraestructura adecuada, los beneficios de los cultivos legales tienden a enriquecerse en manos de intermediarios que controlan el transporte de los productos hacia las ciudades. Esta dinámica resalta la necesidad de un enfoque integral que aborde no solo la producción de coca, sino también la mejora de las condiciones de vida y trabajo de los agricultores.
En conclusión, la situación en Valle del Guamuez es un reflejo de la complejidad del fenómeno del narcotráfico en Colombia. A medida que el país busca alternativas para combatir esta realidad, es fundamental entender las circunstancias que rodean a los agricultores y su dependencia de la coca como fuente de ingresos. La solución a este dilema no será sencilla, pero la inversión en infraestructura y el apoyo a cultivos alternativos son pasos necesarios para crear un futuro más sostenible y seguro para estas comunidades rurales.



