La morosidad en el ámbito financiero argentino ha alcanzado niveles alarmantes, marcando un nuevo récord en febrero de 2026. Este fenómeno se ha manifestado por 16 meses consecutivos, afectando de manera particular a las familias en el país, quienes enfrentan una creciente presión económica. Las estadísticas revelan que los préstamos personales y las tarjetas de crédito son las líneas más impactadas, lo que refleja un panorama desalentador para los deudores.

Según el último informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la irregularidad en el crédito al sector privado se ha situado en un 6,7%. Este dato representa un incremento de 0,3 puntos porcentuales en comparación con enero y un notable aumento de 4,9 puntos porcentuales respecto al año anterior. La subida en la morosidad es un indicativo claro de la falta de liquidez y el debilitamiento del consumo en el país, lo que complica aún más la situación de las familias argentinas.

Al analizar la morosidad específicamente en los hogares, se observa que el porcentaje ha escalado al 11,2% en febrero, lo que subraya una tendencia negativa relacionada con el descenso en los ingresos reales y la desaceleración del crédito al consumo. Este aumento en la morosidad es particularmente preocupante, ya que refleja no solo la incapacidad de afrontar deudas, sino también el deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos. En contraste, la morosidad en el financiamiento a empresas se encuentra en un 2,9%, aunque también muestra una tendencia ascendente en comparación con el año pasado.

La situación de las familias es crítica, ya que la morosidad ha aumentado de manera casi ininterrumpida en los últimos doce meses. En febrero de 2025, la morosidad se encontraba en un 2,9%, y un año después, ha alcanzado el 11,2%. Este incremento se traduce en una presión constante sobre la capacidad de pago de las familias. En particular, los préstamos personales han mostrado un incremento en la morosidad que ha llegado al preocupante 13,8%, y las tarjetas de crédito han llegado a un 11,6%. Estos números pone de manifiesto la difícil situación que enfrentan las familias para cubrir sus obligaciones financieras.

Además, se han registrado aumentos en otros tipos de créditos, como los prendarios que han llegado al 6,8%, y aunque los créditos hipotecarios presentan una dinámica más estable, también han crecido, alcanzando un 1,4%. Por otro lado, el segmento de “otros” créditos, que históricamente se considera de mayor riesgo, ha escalado hasta un alarmante 34,4%, representando el mayor deterioro relativo en el sistema.

En el sector empresarial, aunque los niveles de morosidad siguen siendo bajos desde una perspectiva histórica, también se observa un incremento. El ratio de cartera irregular ha pasado del 0,8% en febrero de 2025 al 2,9% en febrero de 2026. Las subas más pronunciadas se han dado en los adelantos, que alcanzan el 3,1%, y en documentos, con un 2,5%. Los créditos prendarios corporativos también han mostrado un aumento, llegando al 3,9%. Sin embargo, las líneas vinculadas al comercio exterior se han mantenido estables, en torno al 0,6%, mientras que los préstamos hipotecarios han mostrado niveles más elevados pero relativamente estables, alcanzando el 4,7%.

Por último, el sistema financiero ha incrementado levemente su exposición al sector privado, alcanzando el 44,4% del activo total, lo que representa un crecimiento de 0,2 puntos porcentuales en el mes y de 6,3 puntos porcentuales en términos interanuales. Sin embargo, esta mayor proporción se debe más a la caída real del peso a raíz de la devaluación que a una verdadera expansión del financiamiento. Por lo tanto, el comportamiento del crédito sigue siendo un tema crítico en el análisis de la economía argentina, especialmente en un contexto donde la morosidad continúa en ascenso.