En abril, la inflación mayorista en Argentina alcanzó un alarmante 5,2%, marcando el nivel más alto en más de dos años. Este incremento es un reflejo directo del impacto que la reciente guerra en Medio Oriente ha tenido sobre los precios, especialmente en el ámbito de la energía. Según los datos publicados por el INDEC, la variación del Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) se ha visto dominada por un aumento significativo en los productos primarios de origen nacional, que se dispararon un 9,8%. En particular, la división de petróleo y gas mostró un asombroso incremento del 22,9%, lo que evidencia la magnitud del efecto de la crisis internacional en la economía local.

El conflicto bélico que estalló a finales de febrero, cuando Irán decidió cerrar el estrecho de Ormuz, ha generado una profunda alteración en el suministro global de petróleo. Este estrecho es crucial para el comercio mundial, ya que por allí transita aproximadamente el 20% del petróleo que se comercializa a nivel global. La restricción en el acceso a esta ruta marítima ha causado una reducción considerable en la oferta de crudo, alimentando una creciente incertidumbre sobre la evolución futura de los precios, que se ha traducido en un aumento generalizado de costos en múltiples sectores, incluyendo el de fertilizantes.

Recientemente, Irán ha establecido la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico, que tendrá la responsabilidad de supervisar el tránsito marítimo y garantizar la seguridad en la región. Esta medida ha intensificado las tensiones con Estados Unidos, ya que Irán busca utilizar el control sobre el estrecho como un medio de presión tanto política como económica frente a las potencias occidentales. Este escenario geopolítico complicado, sumado a la crisis energética, ha dejado su huella en la economía argentina, que ya enfrenta desafíos estructurales.

Los efectos de esta crisis internacional se han manifestado en el aumento de precios en diversas categorías. Los productos refinados del petróleo, por ejemplo, experimentaron un aumento del 13,6%, mientras que los productos de caucho y plástico y las sustancias químicas también vieron incrementos significativos del 7,4% y 3,1%, respectivamente. Según el ministro de Economía, Luis Caputo, el conflicto bélico representa el 85% de la variación en el IPIM durante abril, subrayando cómo un evento externo puede impactar de manera desproporcionada en la economía local.

En este contexto, Caputo señaló que si se excluyen las categorías afectadas por el shock externo, la variación del resto del índice sería de aproximadamente 1,1%. Este dato es relevante, ya que en meses anteriores, cuando la inflación mayorista había sido más moderada, el Gobierno había argumentado que el IPIM podía anticipar el comportamiento del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Sin embargo, en esta ocasión, dicho argumento no ha sido utilizado, lo que genera dudas sobre la capacidad del gobierno para manejar la situación inflacionaria.

El IPIM ha registrado una variación del 5,2% en comparación con el mes anterior y un incremento interanual del 30,8% en abril. Si bien este aumento es considerable, es importante considerar que casi el 85% de esta variación se atribuye al aumento en el precio del petróleo y sus productos asociados. De acuerdo con expertos como Gonzalo Semilla, Director del Observatorio de Estadísticas Regionales de la Upso, las fluctuaciones en el precio del barril, que podrían estabilizarse en torno a los 100 dólares, influirán directamente en los precios de los combustibles en el mercado local, algo que ya se ha trasladado a los precios minoristas.

En resumen, la situación actual de la inflación mayorista en Argentina es un claro ejemplo de cómo los conflictos internacionales pueden tener repercusiones inmediatas y severas en la economía de un país. Las autoridades deberán estar atentas a los desarrollos en el conflicto bélico y su posible impacto en los precios, mientras la economía local enfrenta retos internos que complican aún más el panorama inflacionario.