El pasado viernes, la Corte Suprema de los Estados Unidos tomó una decisión que sorprendió al mundo al anular la política arancelaria implementada por Donald Trump, la cual había sido fundamental en su estrategia económica y en su capacidad de influir sobre otras naciones. Ante este revés, Trump reaccionó de forma explosiva, descalificando a los jueces de la Corte con insultos como "tontos" y "antipatriotas", y anunció su intención de restablecer los aranceles, lo que sugiere que la contienda apenas comienza. Sin embargo, la resolución de la Corte va más allá de este episodio puntual, sugiriendo un posible declive en la carrera política del controvertido mandatario.
Trump, actualmente en su segundo mandato, debería entregar el poder en 2028, según lo establecido por la enmienda 22, que limita a dos los mandatos presidenciales. Para evitar esta restricción, el ex presidente podría intentar modificar la enmienda, lo que requeriría un consenso casi imposible en el Congreso y entre las legislaturas estatales. La alternativa sería confiar en una Corte que acepte una interpretación laxa de la enmienda. Sin embargo, el reciente fallo, en el que tres de los seis jueces conservadores votaron en contra de Trump, indica que la Corte no está dispuesta a hacer excepciones, lo que podría forzar su salida antes de lo previsto.
Esta situación se presenta como un desafío significativo para el gobierno argentino, dado que Trump ha sido una figura clave en la política local. En abril de 2025, presionó al Fondo Monetario Internacional para que otorgara un crédito vital a Argentina, justo cuando el país enfrentaba una grave crisis de reservas. Además, durante las elecciones, Trump advirtió que si Javier Milei no triunfaba, no habría generosidad hacia el país, lo que reactivó el flujo de dólares en la economía argentina. La incertidumbre sobre la estabilidad de Trump plantea interrogantes sobre el futuro del vínculo entre ambos países y el impacto en la economía argentina.



