El 8 de diciembre de 2024, el gendarme argentino Nahuel Gallo emprendió un viaje a Venezuela sin imaginar que su vida cambiaría drásticamente. En ese momento, el país se encontraba bajo el gobierno autoritario de Nicolás Maduro, quien había comenzado a utilizar el secuestro de extranjeros como un método de extorsión y presión internacional. Gallo, de 34 años, cruzó el Puente Internacional Francisco de Paula Santander desde Colombia con la intención de visitar a su pareja y su hijo en Táchira.
Sin embargo, las autoridades venezolanas pusieron en duda su visita, acusándolo de espionaje sin presentar pruebas y privándolo de comunicación y asistencia legal. Gendarmería Nacional de Argentina reiteró que Gallo se encontraba en el país con licencia anual, desestimando cualquier relación con operaciones oficiales, pero su defensa no tuvo éxito ante el régimen.
A lo largo de 448 días, Gallo fue mantenido cautivo en el centro de detención clandestino Rodeo 1, donde se vio sometido a torturas y condiciones inhumanas, todo bajo la supervisión del régimen de Maduro y su círculo más cercano, incluido Diosdado Cabello. Durante este tiempo, su familia luchó por su liberación, mientras la comunidad internacional, incluida la ONU y la OEA, presionaba al gobierno argentino para que exigiera su retorno. Finalmente, se conoció que Gallo había logrado comunicarse con su esposa, un indicio esperanzador sobre su posible liberación.



