La expareja de Oscar Centeno, Hilda Horovitz, volvió a presentarse ante el Tribunal Oral Federal para continuar su declaración en el marco del juicio por la causa de los cuadernos. En esta nueva instancia, Horovitz se encontró en el centro de la atención mediática debido a la naturaleza contradictoria de sus afirmaciones, así como por la aparición de mensajes que revelaron tensiones en su relación con el exfuncionario Roberto Baratta. La audiencia dejó entrever un escenario cargado de dudas y tensiones, donde la búsqueda de la verdad se entrelaza con los temores y las presiones que enfrentó la testigo.

La declaración de Horovitz estuvo marcada por una serie de contradicciones y olvidos que generaron desconfianza en su testimonio. En un momento, la ex pareja del chofer arrepentido admitió haber solicitado dinero a Baratta, reconociendo que lo hacía con la intención de que este intercediera ante Centeno para obtener fondos. "Me estoy mandando al muere por decir la verdad", expresó, mientras intentaba justificar sus reclamos, que parecían estar motivados por una relación compleja y abusiva con Centeno, a quien acusó de haberla usado como testaferro y de haberla agredido.

La audiencia, que había sido interrumpida la semana anterior debido a la descompensación de Horovitz, reanudó su curso con el despliegue de mensajes y audios que complicaron aún más su situación. Uno de los momentos más impactantes fue la proyección de comunicaciones de Horovitz hacia Baratta, las cuales contenían mensajes de carácter intimidatorio, que incluían desde fotografías de billetes hasta imágenes de la residencia del exfuncionario. A lo largo de su testimonio, Horovitz intentó minimizar la gravedad de estos intercambios, alegando que el tono de sus mensajes era más bien un monólogo, dado que Baratta nunca respondía.

Uno de los aspectos más polémicos de su declaración fue la presentación de un audio en el que supuestamente hablaba con un periodista pidiendo dinero. Sin embargo, Horovitz se mostró incapaz de reconocer la voz de la persona con la que hablaba, lo que dejó entrever la fragilidad de su relato. Además, la testigo mencionó tener conversaciones con Miriam Quiroga, exsecretaria de Néstor Kirchner, a quien le había entregado documentos que nunca le fueron devueltos, lo que añade otra capa de complejidad a su testimonio.

Las defensas de los acusados no tardaron en aprovechar las inconsistencias de Horovitz para cuestionar la veracidad de su relato. Los abogados se centraron en las imprecisiones que surgieron en su declaración sobre el vínculo que mantuvo con Centeno tras su separación y los contactos que mantuvo con distintos periodistas. La estrategia de las defensas se basó en deslegitimar su testimonio, utilizando las contradicciones de Horovitz como una herramienta para sembrar dudas sobre la credibilidad de su versión de los hechos.

Mientras el juicio avanza, la figura de Hilda Horovitz se convierte en una pieza clave en el rompecabezas de la causa de los cuadernos, no solo por su relación con Centeno y Baratta, sino también por el trasfondo de violencia de género que ella misma denunció en 2017. Esta compleja trama de relaciones y acusaciones arroja luz sobre las dinámicas de poder y manipulación que operan en el contexto de la corrupción política en Argentina. A medida que se desarrollan las audiencias, queda en evidencia que la búsqueda de justicia y verdad se ve obstaculizada por las complejidades personales y las tensiones inherentes a los testimonios de quienes se encuentran atrapados en este entramado judicial.