La Confederación General del Trabajo (CGT) está en vías de llevar a cabo un paro que promete tener un impacto considerable, coincidiendo con la discusión de la reforma laboral en la Cámara de Diputados. La participación total del sector del transporte, en particular de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), será fundamental para lograr una protesta contundente, tal como anticiparon sus líderes.
A diferencia del paro general del 10 de abril, cuando la UTA no adhirió debido a la conciliación obligatoria que regía en ese momento, esta vez el sindicato ha confirmado su apoyo a la huelga de 24 horas. Aunque existe una medida del Gobierno que busca retrotraer la situación al estado previo al conflicto, la UTA se ha mantenido firme en su decisión de participar, lo que podría alterar significativamente el panorama del país durante la protesta.
El futuro inmediato de la CGT es incierto. Se especula que, si la reforma laboral es aprobada por el Senado, la central obrera podría optar por escalonar sus acciones con paros más extensos. La presión interna dentro de la CGT ha aumentado, sobre todo tras la filtración de un artículo polémico en la reforma que afecta los derechos de los trabajadores en caso de accidentes o enfermedades. Este cambio ha llevado a la CGT a replantearse su estrategia y a considerar un endurecimiento de su postura frente al Gobierno de Javier Milei, en un contexto donde las tensiones entre diferentes sectores sindicales también están a la orden del día.



