La relación entre China y Nicaragua ha experimentado un notable fortalecimiento desde la reanudación de sus vínculos diplomáticos en diciembre de 2021. Este acercamiento se ha consolidado en 2023 con la formación de una asociación estratégica que abarca múltiples áreas, incluyendo la seguridad interna, la infraestructura y la modernización tecnológica. Este modelo de cooperación, sin embargo, ha suscitado diversas inquietudes en torno a su impacto en el control social y la vigilancia en el país centroamericano.

Desde el restablecimiento de la relación bilateral, el Ministerio de Seguridad Pública de China ha brindado capacitación y asistencia técnica a las instituciones de seguridad nicaragüenses. Esta colaboración incluye la formación de miles de agentes en diversas disciplinas, como tácticas antidisturbios, investigación forense y protección de dignatarios. Se ha reportado que los instructores chinos también han transferido doctrinas operativas que buscan fortalecer las capacidades del Estado nicaragüense, lo cual plantea interrogantes sobre el uso de estos conocimientos en la represión de disidencias.

El informe “Autoritarismo con características chinas: cooperación y control en Nicaragua” de Expediente Abierto destaca que esta cooperación, si bien puede mejorar la gestión pública, también podría ofrecer herramientas para el control social en un contexto donde la supervisión y la transparencia son limitadas. Esto sugiere que el modelo de cooperación que se está desarrollando podría tener repercusiones negativas para los derechos humanos en el país, al permitir que el gobierno amplíe su control sobre la población mediante técnicas avanzadas de vigilancia.

En términos de equipamiento, el régimen de Nicaragua ha recibido tecnología policial y ha enviado delegaciones a ferias de seguridad en China, lo que les ha permitido acceder a sistemas de vigilancia digital y análisis de datos para la gestión urbana. Esto se enmarca dentro de un esfuerzo más amplio por parte de Nicaragua para modernizar su infraestructura de seguridad, aunque se debe tener en cuenta el potencial uso dual de esta tecnología, tanto civil como militar.

El ámbito militar también ha mostrado signos de un contacto creciente, aunque la cooperación se describe como limitada hasta el momento. Sin embargo, el informe señala la participación de delegaciones militares chinas en ceremonias oficiales en Nicaragua y la creación de canales diplomáticos permanentes en el área de defensa. Esto podría ser un indicativo de un interés creciente por parte de China en establecer una mayor influencia militar en la región.

Además, los proyectos de infraestructura financiados y ejecutados por empresas chinas, como la construcción de puertos y aeropuertos, también han generado un amplio debate. Estas obras, aunque presentadas como iniciativas de desarrollo comercial y de conectividad, son objeto de preocupación por su valor estratégico y su posible utilización con fines militares, dada la creciente presencia y control de China en la región centroamericana.

Por último, el área tecnológica es un campo clave en esta alianza, donde las empresas chinas desempeñan un papel crucial en la modernización de las telecomunicaciones y la digitalización del Estado nicaragüense. La cooperación se manifiesta en diversas iniciativas que abarcan la conectividad digital, la energía y el transporte. Esto incluye plataformas de monitoreo e información integradas, como el Sistema Nacional de Atención a Emergencias (SINAREM), que se han diseñado bajo estándares y con proveedores chinos. Los analistas advierten que esta dependencia tecnológica podría acentuar la vulnerabilidad de Nicaragua ante un mayor control por parte de Beijing, lo que añade una capa de complejidad a la relación entre ambos países.