Lima, 13 abr (Redacción Medios Digitales) - En las elecciones generales de Perú, la candidata de derecha Keiko Fujimori, representante del partido Fuerza Popular, ha logrado consolidar su posición de liderazgo al obtener el 16,88% de los votos válidos, según los datos oficiales proporcionados por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) con el 60% de los sufragios escrutados. Este avance la coloca en una situación favorable para luchar por la presidencia en una eventual segunda vuelta, programada para el 7 de junio, si los resultados se mantienen hasta el final del conteo.
La política, quien es hija del expresidente Alberto Fujimori y heredera de su legado, se encuentra en una reñida competencia con Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, que ha captado el 13,88% de los votos, y Jorge Nieto, candidato del Partido del Buen Gobierno, que ha alcanzado el 12,50%. Estos resultados reflejan un panorama electoral en el que la polarización y la fragmentación del electorado se hacen evidentes, un fenómeno que ha caracterizado las elecciones peruanas en los últimos años.
Hasta el momento, la ONPE ha contabilizado un total de 1.838.531 votos para Fujimori, frente a los 1.511.437 de López Aliaga y los 1.361.296 de Nieto. Más atrás en la carrera, el populista Ricardo Belmont, del partido Obras, ha conseguido un 9,8% de los sufragios, mientras que el izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, ha logrado un 8,5%. Este último ha hecho su aparición en el quinteto de candidatos más votados, lo que marca un cambio significativo en la dinámica política del país.
Las encuestas de conteo rápido ofrecidas por diversas firmas, como Ipsos y Datum, han pronosticado que Fujimori y López Aliaga serían los que accedan a la segunda vuelta, un escenario que, de confirmarse, se traduce en la cuarta participación de Fujimori en esta instancia decisiva. En elecciones anteriores, la candidata ha enfrentado derrotas ante Ollanta Humala en 2011, Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y Pedro Castillo en 2021, lo que añade una capa de tensión a su campaña actual y a las expectativas de sus seguidores.
El contexto electoral de esta jornada no ha estado exento de complicaciones. Más de 27,3 millones de peruanos estaban convocados a participar en la elección de sus autoridades nacionales para el período 2026-2031, en medio de un ambiente marcado por la inestabilidad política, que ha visto a ocho presidentes en la última década. Sin embargo, la jornada electoral se vio afectada por problemas logísticos en la distribución del material de votación en varios distritos de Lima, lo que generó retrasos significativos en el inicio del sufragio y, en algunos casos, la imposibilidad de votar para más de 52.000 personas en 13 colegios de la capital.
La situación fue tal que el Jurado Nacional de Elecciones tuvo que intervenir, ordenando la ampliación del plazo para el sufragio hasta este lunes, buscando así garantizar el derecho al voto de aquellos que se vieron impedidos de ejercerlo. Este tipo de inconvenientes no solo afecta el proceso electoral, sino que también contribuyen a la desconfianza de la ciudadanía hacia las instituciones, en un país que ha vivido una crisis política prolongada y compleja.
A medida que avanza el escrutinio y se definen las posiciones finales de los candidatos, la atención se centrará en cómo se desarrollará la campaña de Fujimori, así como en la estrategia de sus competidores para captar el apoyo de los votantes que, en esta ocasión, han optado por opciones diferentes. La incertidumbre persiste en el aire, y la próxima semana se vislumbra crucial para el futuro político de Perú, donde el electorado parece estar dividido entre la continuidad de un legado controvertido y nuevas propuestas que buscan romper con el ciclo de crisis.



