En una reciente comparecencia ante el Tribunal de Apelación de París, el exlíder de ETA, José Antonio Urrutikoetxea, conocido como Josu Ternera, reafirmó su posición de que su intención siempre fue buscar una solución negociada al conflicto político en el País Vasco. Durante su intervención, Ternera argumentó que su papel en la organización terrorista nunca fue el de enfrentar al Estado español, sino el de fomentar un diálogo que condujera al reconocimiento de los derechos del pueblo vasco, incluyendo el derecho a la autodeterminación. Esta declaración se produce en el contexto de un juicio en el que se le atribuyen responsabilidades por su vinculación con la banda entre 2002 y 2005, un periodo marcado por la violencia y el sufrimiento en ambos lados del conflicto.

La audiencia, que se lleva a cabo en dos jornadas, comenzó con la defensa de Josu Ternera intentando posponer el proceso, argumentando que la Fiscalía no había cumplido con los plazos necesarios para convocar a ciertos testigos, entre ellos el exmiembro del IRA, Gerry Kelly, y el abogado sudafricano Brian Currin. Sin embargo, la solicitud fue desestimada, lo que permitió que el juicio continuara según lo previsto. Durante su declaración, Ternera fue cuestionado sobre su supuesta implicación en atentados que tuvieron lugar en España durante el tiempo en que se le acusa de haber estado activo en ETA.

Al ser interpelado sobre si aceptaba las acusaciones en su contra, Ternera manifestó, con una aclaración crucial, que reconocía los hechos como militante de la organización, pero subrayó que para él, haber formado parte de ETA no constituía un delito, a diferencia de la interpretación que la justicia le otorga. Esta afirmación pone de manifiesto la complejidad de su perspectiva sobre el conflicto, donde considera su militancia como parte de una lucha legítima por los derechos vascos.

El proceso judicial se refiere a la etapa que abarca desde su paso a la clandestinidad en diciembre de 2002, mientras ocupaba un cargo de diputado en el Parlamento Vasco, hasta mayo de 2005. Este juicio es el último que enfrenta Josu Ternera en Francia, ya que en 2010 fue condenado en rebeldía a siete años de prisión. Sin embargo, su captura en mayo de 2019 le otorgó el derecho a un nuevo juicio, lo que ha generado una serie de dilaciones en el proceso debido a cuestiones de salud y apelaciones de su defensa.

Las pruebas presentadas por la acusación incluyen evidencias de su conexión con dos pisos francos de ETA ubicados en Villeneuve sur Lot y Lourdes. Estas evidencias surgieron tras el arresto de Peio Esquisábel, uno de los líderes de la organización, en abril de 2005. A medida que avanza el juicio, se hace evidente que las declaraciones de Ternera no solo buscan deslegitimar las acusaciones en su contra, sino también reivindicar lo que considera una lucha por la libertad y los derechos del pueblo vasco.

El contexto del juicio de Josu Ternera es un recordatorio del legado de violencia y conflicto que ha marcado la historia reciente de España y, en particular, del País Vasco. La figura de Ternera, que ha sido objeto de controversia y análisis, representa las divisiones profundas que persisten en la sociedad. A medida que se desarrollen los acontecimientos en la sala del tribunal, las implicaciones de sus palabras y la interpretación del conflicto seguirán siendo un tema de debate en el ámbito político y social, tanto en España como en el resto de Europa.