En un giro significativo en su enfoque sobre sostenibilidad, la multinacional brasileña JBS ha decidido eliminar su objetivo de alcanzar emisiones netas cero para 2040. Este compromiso, que había sido anunciado hace cinco años, ha sido reemplazado por un plan más centrado en la reducción de las emisiones generadas directamente por sus operaciones. Este cambio ha suscitado preocupación y debate en torno a la responsabilidad ambiental de las corporaciones, especialmente en un contexto donde la industria cárnica es uno de los mayores contribuyentes al cambio climático a nivel global.
La empresa ha justificado su nueva dirección al afirmar que concentrará sus esfuerzos en las emisiones de alcance 1 y 2, que son aquellas que puede controlar de manera directa. Estas emisiones provienen del funcionamiento de sus plantas, de su flota de vehículos y del consumo de electricidad. De acuerdo con el informe de sostenibilidad de 2025, JBS ha decidido mantener metas específicas, plazos claros y auditorías independientes para estas emisiones, lo que refleja un intento de ser más transparente en su estrategia ambiental.
Sin embargo, al dejar de lado las metas de reducción de las emisiones indirectas, las cuales representan cerca del 97% de su huella de carbono, la empresa se enfrenta a críticas por su falta de ambición en la lucha contra el cambio climático. Las emisiones de alcance 3, que incluyen aquellas generadas por la cría del ganado y la producción de alimentos para estos animales, son esenciales para una evaluación completa del impacto ambiental de la compañía. JBS ha declarado que priorizará la eficiencia en la producción de sus proveedores, lo que sugiere un cambio hacia un enfoque más colaborativo pero también menos exigente en términos de reducción total de emisiones.
Este cambio de rumbo llega en un momento crítico, ya que la comunidad internacional se enfrenta a un aumento de las temperaturas y a la urgencia de implementar medidas efectivas para mitigar el cambio climático. La decisión de JBS de renunciar a un compromiso tan ambicioso podría interpretarse como un retroceso en los esfuerzos de la industria cárnica para alinearse con los objetivos del Acuerdo de París. Los analistas advierten que, sin un enfoque robusto en la reducción de emisiones indirectas, las metas de sostenibilidad de la compañía podrían quedar comprometidas y resultar en un impacto negativo para el medio ambiente.
La empresa ha argumentado que las emisiones asociadas a las actividades agropecuarias y al transporte están sujetas a limitaciones tecnológicas y económicas que escapan a su control. Esto plantea interrogantes sobre la responsabilidad de las grandes corporaciones en la adopción de innovaciones que podrían facilitar la reducción de dichas emisiones. Según JBS, el avance en infraestructura y políticas públicas es fundamental para realizar cambios significativos en el sector, lo que puede ser interpretado como una llamada a la acción para gobiernos y organismos reguladores.
La decisión de JBS de modificar su estrategia climática ha sido recibida con escepticismo por parte de los defensores del medio ambiente, quienes argumentan que la empresa debería ser más proactiva y asumir un papel de liderazgo en la reducción de la huella de carbono de toda su cadena de valor. A pesar de la eliminación de la meta de emisiones netas cero, la empresa ha mantenido algunos de sus objetivos de reducción, aunque estos ahora se enfocan en indicadores de eficiencia en lugar de en cifras absolutas.
Gilberto Tomazoni, el CEO de JBS, había enfatizado en el pasado la importancia de trabajar junto a pequeños productores en la búsqueda de soluciones sostenibles. Sin embargo, la reciente decisión podría poner en entredicho el compromiso de la empresa con una verdadera transformación hacia prácticas más sostenibles. En un mundo donde la presión por la sostenibilidad es cada vez mayor, la trayectoria de JBS será observada con atención, tanto por los inversores como por la sociedad civil, en un contexto donde la responsabilidad ambiental es un imperativo ineludible.


