La política argentina vive un momento de desconexión entre los acontecimientos en el Congreso y la percepción pública. Desde el inicio del recambio legislativo, el Gobierno ha logrado no solo incrementar su representación en las cámaras, sino también aprender de sus experiencias pasadas. La construcción de mayorías requiere un enfoque que el mileísmo inicialmente subestimó: la paciencia para negociar y establecer acuerdos con la oposición.

La reciente sesión en Diputados, que se extendió hasta la madrugada del viernes, reafirmó la tendencia positiva del oficialismo, lo que le permite avanzar en reformas cruciales. Sin embargo, a pesar de estos logros parlamentarios, el Gobierno ha visto una disminución en el apoyo popular hacia sus propuestas, lo que podría complicar su agenda futura.

Un hecho inesperado que ha impactado la política reciente fue el cierre de la empresa FATE, que coincidió con un paro general convocado por la CGT. Este paro, el más exitoso en términos de participación durante la gestión de Milei, ha puesto de relieve la crisis industrial, transformando cifras abstractas en una realidad tangible con cerca de mil despidos. A pesar de los intentos del Gobierno por desviar la atención hacia los sindicatos y ciertas figuras empresariales, la estrategia no ha logrado el impacto deseado, evidenciando una creciente resistencia a sus reformas.