En un contexto de negociaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán sobre un potencial nuevo acuerdo nuclear, la Fuerza Aérea israelí, en colaboración con fuerzas estadounidenses, llevó a cabo una ofensiva sorpresiva en las cercanías de Teherán. Esta operación, denominada 'León Rugiente', se centró en el sector occidental de la capital iraní y tuvo como objetivo atacar una amplia gama de instalaciones militares.
Las autoridades israelíes informaron que lograron impactar 'cientos de objetivos militares' en esta zona, enfatizando la destrucción de lanzaderas de misiles y otros puntos estratégicos que forman parte del sistema de defensa iraní. Este ataque se desarrolló tras una serie de bombardeos coordinados, con el propósito de debilitar las capacidades militares de Irán. Además, se destacó que continúan los esfuerzos por interceptar misiles y drones que pudieran ser lanzados desde Irán en respuesta a la ofensiva.
Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, reafirmó que esta operación conjunta tiene como meta 'eliminar la amenaza existencial' que representa Irán, haciendo alusión a un posible cambio de régimen en el país. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, también se pronunció sobre la situación, señalando que la ofensiva busca desmantelar las estructuras de poder establecidas en Irán desde 1979. Este ataque se produce en un momento crítico para la diplomacia internacional, justo cuando se avanzaba en conversaciones nucleares para mitigar tensiones regionales.



