El cierre del mercado surcoreano del pasado lunes se vio marcado por una intensa presión vendedora que provocó una caída abrupta del índice KOSPI, que pasó de cerca de 8.000 puntos a menos de 7.500. Este desplome en la cotización de las acciones fue desencadenado por la propuesta de algunos políticos de considerar un impuesto sobre las ganancias generadas por la inteligencia artificial (IA), lo que encendió el debate sobre la distribución equitativa de sus beneficios en la sociedad.
La alarma fue encendida por un alto funcionario del gobierno surcoreano, quien sugirió la posibilidad de que el país implementara un “dividendo” para sus ciudadanos, financiado a través de impuestos sobre las ganancias de empresas tecnológicas como Samsung y SK Hynix. Este comentario, realizado por Kim Yong-beom, jefe de política presidencial, generó un impacto inmediato en el mercado, donde los inversores comenzaron a evaluar las implicaciones de tales medidas y su posible efecto en las ganancias de las compañías más prominentes del sector.
Kim enfatizó que, en la era de la inteligencia artificial, los beneficios económicos tienden a concentrarse en un pequeño grupo, dejando a gran parte de la clase media con solo efectos indirectos de ese crecimiento. Sin embargo, no se especificaron detalles sobre cómo se llevaría a cabo la implementación de este dividendo, lo que dejó a los mercados en un estado de incertidumbre y nerviosismo. La falta de claridad sobre la propuesta intensificó la volatilidad en un momento en que el mercado surcoreano ya había experimentado un crecimiento notable, con un aumento del 80% en lo que va del año.
Los analistas de inversiones, como Kim Dojoon de Zian Investment Management, señalaron que el mercado se había vuelto especialmente sensible a cualquier noticia que pudiera generar inquietud entre los inversores. La declaración de Kim Yong-beom, aunque no formalmente discutida, creó un clima de confusión, llevando al KOSPI a una caída inicial de más del 5%, lo que representó una pérdida de más de 300.000 millones de dólares en capitalización bursátil.
El impacto de esta propuesta no se limitó a Corea del Sur; la debilidad del mercado local tuvo repercusiones en Europa y afectó incluso a los futuros del Nasdaq en las operaciones previas a la apertura. Este fenómeno pone de relieve cómo los movimientos en las políticas económicas de un país pueden tener efectos dominó en los mercados globales, especialmente en un contexto donde la inteligencia artificial está en el centro de la atención tanto política como económica.
Sin embargo, a medida que la preocupación se extendía, se llevaron a cabo esfuerzos para mitigar los efectos negativos de la declaración. Kim Yong-beom aclaró que su intención era referirse a los “ingresos fiscales excedentes” derivados del crecimiento de la IA, sin la intención de proponer un nuevo impuesto extraordinario sobre los beneficios corporativos. Además, un funcionario de la oficina del presidente subrayó que las opiniones expresadas por Kim no representaban una postura oficial del gobierno, sino más bien un comentario personal.
Este episodio pone de manifiesto una preocupación creciente en Corea del Sur sobre el impacto de la inteligencia artificial en la desigualdad social. En un país donde las tensiones económicas y la polarización social son temas recurrentes, la posibilidad de que la llegada de la IA agrave la brecha entre ricos y pobres está siendo cada vez más debatida. Así, la discusión sobre la justicia fiscal y la distribución equitativa de los beneficios tecnológicos es un tema que promete seguir generando controversia en el futuro cercano.



