En Islamabad, el diálogo entre Estados Unidos e Irán, que se llevaba a cabo en un contexto de tensiones acumuladas durante décadas, concluyó sin un acuerdo significativo. Este encuentro, que marcó la primera reunión de alto nivel en casi medio siglo, se extendió por 21 horas pero no logró materializar un pacto que detuviera la guerra en la región. A pesar de algunos entendimientos en ciertos puntos, las diferencias en cuestiones fundamentales como el programa nuclear iraní y el control sobre el estrecho de Ormuz resultaron ser obstáculos insuperables.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Ismail Bagaei, expresó que las discrepancias se han acotado a dos o tres temas clave, pero subrayó que la expectativa de un acuerdo inmediato era poco realista. El hecho de que ambas delegaciones abandonaran Pakistán sin un anuncio claro sobre futuras reuniones sugiere que las tensiones entre las partes siguen latentes. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, retornó en el Air Force Two con lo que se calificó como una "oferta final", mientras que el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, partió poco después sin proporcionar detalles adicionales sobre el resultado de las conversaciones.
Una de las líneas rojas que impidió un consenso fue la postura innegociable de Estados Unidos, que exige un compromiso claro de Irán para no desarrollar armas nucleares en el presente ni en el futuro. Vance, al finalizar la reunión, destacó que era esencial observar un compromiso genuino por parte de Teherán respecto a este tema. Desde la perspectiva estadounidense, se busca desmantelar las capacidades que le permitan a Irán fabricar una bomba nuclear de manera rápida, algo que se ha convertido en un punto crítico en la negociación.
Por su parte, Irán reaccionó a las exigencias de EE.UU. subrayando que la discusión sobre el programa nuclear fue uno de los ejes centrales del diálogo. Bagaei insistió en que el éxito de las conversaciones depende de que la parte estadounidense evite "demandas excesivas y peticiones ilegales", además de reconocer los "derechos e intereses legítimos de Irán". Este conflicto de intereses se ha transformado en un obstáculo mayor que cualquier aspecto técnico de la tregua.
Otro punto de tensión se relaciona con el estrecho de Ormuz, una vía marítima esencial para el comercio global de petróleo. Estados Unidos busca una reapertura comercial inmediata y sin restricciones, mientras que Irán considera que tiene el control sobre esta zona estratégica y exige que cualquier movimiento de buques sea coordinado con sus Fuerzas Armadas. Una fuente iraní dejó en claro que no habrá cambios en la situación del estrecho a menos que se alcance un acuerdo razonable con Washington.
Durante el desarrollo de estas negociaciones, la situación en la región se tornó aún más compleja. Israel ha continuado sus operaciones militares en el Líbano, lo que ha dejado un saldo trágico de al menos 357 muertos y más de 1.200 heridos en un breve lapso. Irán ha manifestado su exigencia de que Estados Unidos frene las agresiones israelíes en múltiples frentes, especialmente en el sur del Líbano y en Beirut. Sin embargo, Washington sostiene que el alto el fuego acordado se limita a los enfrentamientos directos entre las dos naciones, sin vincularlo a las acciones militares de Israel en la región.



