A cincuenta años del golpe de Estado cívico-militar ocurrido el 24 de marzo de 1976, el político argentino Federico Storani, reconocido dirigente de la Unión Cívica Radical (UCR), compartió sus perspectivas sobre el contexto que llevó a la ruptura democrática en el país. En una entrevista, Storani ofrece un análisis profundo sobre los eventos que desencadenaron una de las etapas más oscuras de la historia argentina, marcada por la violencia política, la crisis económica y las divisiones internas del peronismo tras el regreso de Juan Domingo Perón. Su mirada crítica destaca la importancia de recordar estos hechos para comprender los desafíos contemporáneos que enfrenta la democracia en Argentina.

El líder radical enfatiza que el período previo al golpe estuvo signado por un deterioro institucional alarmante, donde la pérdida del monopolio estatal de la fuerza permitió la aparición de organizaciones armadas y grupos paraestatales, como la organización terrorista conocida como la Triple A. Esta dinámica de violencia se intensificó con la muerte de Perón, que generó un clima de inestabilidad y conflicto social, lo que finalmente llevó a la dictadura militar. En este sentido, Storani describe el ambiente de tensión y temor que se vivía en la sociedad, con un gobierno de Isabel Martínez debilitado y una creciente polarización política.

A pesar de que algunos sectores de la población anhelaban un ordenamiento y una solución a la crisis, lo que se instauró fue un brutal régimen de terrorismo de Estado. Las desapariciones forzadas, las torturas y la persecución de opositores se convirtieron en prácticas sistemáticas que marcaron la vida de miles de argentinos. Storani sostiene que la memoria de este periodo no solo es esencial para entender las condiciones que llevaron al quiebre institucional de 1976, sino que también invita a reflexionar sobre el estado actual de la democracia en el país y los peligros que aún persisten.

Durante la conversación, el exdiputado recordó cómo la vuelta de Perón en 1973 había suscitado grandes expectativas en la sociedad, aunque también estuvo acompañada de hechos violentos, como la masacre de Ezeiza. Esta época estuvo marcada por la confrontación entre sectores de la extrema derecha del peronismo y grupos más radicalizados, como los Montoneros. A medida que los conflictos se intensificaban, la presión sobre el gobierno se volvió insostenible, llevando a un desenlace trágico el 24 de marzo de 1976.

Storani también resalta el abrazo simbólico entre Perón y Ricardo Balbín, que representaba una aspiración de unidad y pacificación nacional. Sin embargo, esa posibilidad se desvaneció rápidamente ante las tensiones internas y la polarización que se acentuaron con el tiempo. La muerte de Perón, según Storani, fue un punto de inflexión que exacerbó las divisiones y contribuyó a la inestabilidad política que culminó en el golpe. El análisis de estas dinámicas es crucial para entender no solo el pasado, sino también los retos contemporáneos que enfrenta la política argentina.

Finalmente, el dirigente radical concluye que, a medio siglo de aquellos oscuros acontecimientos, es fundamental que la sociedad argentina reflexione sobre su historia reciente. La reconstrucción de ese período no solo sirve para honrar a las víctimas del terrorismo de Estado, sino que también plantea la necesidad de salvaguardar la democracia ante cualquier indicio de autoritarismo que pueda surgir en el presente. En un momento en que se perciben similitudes con el pasado, el llamado de Storani resuena como una advertencia para no repetir los errores de la historia y fortalecer las instituciones democráticas del país.