Leonardo Fariña, conocido por su vínculo con la obra pública durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, regresó este martes a los tribunales de Comodoro Py para comparecer como testigo en el juicio por la causa Cuadernos. Durante su declaración, el ex colaborador de Lázaro Báez expuso sobre las irregularidades en las contrataciones públicas, aunque reconoció que gran parte de su testimonio se basaba en conversaciones con un ex abogado que había trabajado en el Ministerio de Planificación, en lugar de experiencias directas. Esto ha generado un debate en torno a la validez de su testimonio y la fiabilidad de la información que presenta.
En su intervención, Fariña recordó su tiempo en Austral Construcciones, la empresa de Báez, y destacó la estrecha relación de confianza que existía entre Báez y el fallecido Néstor Kirchner. Según sus declaraciones, esta conexión fue fundamental para el crecimiento de la firma, que se benefició de un trato preferencial por parte del gobierno. Fariña subrayó que Báez era considerado un “depositario de confianza” por Kirchner y que esta situación le otorgó ventajas significativas en el ámbito de la obra pública.
El testigo también abordó aspectos técnicos de la obra pública, como la redeterminación de precios y los mecanismos de contratación. Sin embargo, su declaración fue objeto de críticas por parte de los abogados defensores, quienes argumentaron que las preguntas formuladas por la Unidad de Información Financiera (UIF) se apartaban del objeto de la causa. El Tribunal aceptó esta objeción, lo que provocó tensiones en el ambiente judicial.
En relación a la figura de Lázaro Báez, Fariña describió al empresario como un individuo que se encontraba limitado geográficamente, indicando que tenía dificultades para salir de Chubut, Santa Cruz y Chaco, lo que lo convertía en un “marginado” dentro del sistema de obra pública. A su juicio, la Cámara Argentina de la Construcción operaba bajo un sistema de asignación preestablecido que favorecía a ciertas empresas, dejando a Báez excluido de estas decisiones.
A pesar de la falta de pruebas directas que respalden sus afirmaciones, Fariña recordó su primera comparecencia ante el fiscal Carlos Stornelli en 2018, cuando se presentó como testigo arrepentido y aportó documentación sobre lo que se conoce como la “ruta del dinero K”. Este antecedente ha sido crucial para su imagen como testigo, aunque su credibilidad continúa siendo cuestionada en el marco del juicio.
Finalmente, se abordó una de sus frases más célebres: “me pidieron ficción, les di ficción”, utilizada para desmentir relatos previos que había compartido en medios de comunicación. Fariña explicó que esta expresión surgió en un contexto de presión mediática y pública, donde se sentía como un “enemigo público”. Reconoció que la frase fue un intento de justificar decisiones que ahora considera erradas y que reflejan la complejidad de su situación en ese momento.
La declaración de Fariña pone de relieve la complejidad de la causa Cuadernos, donde el testimonio de un personaje tan polémico como él podría influir en el desarrollo del juicio, pero también plantea interrogantes sobre la solidez de las pruebas y la veracidad de las afirmaciones presentadas. A medida que avanza el proceso, será fundamental evaluar la credibilidad de los testigos y la relevancia de sus testimonios en la búsqueda de justicia en torno a la corrupción en la obra pública durante los gobiernos kirchneristas.



