La administración de Estados Unidos ha comenzado a implementar una serie de medidas diplomáticas y políticas en América Latina con el fin de frenar la creciente influencia de China en la región. Estas acciones incluyen sanciones, advertencias a distintos gobiernos y movimientos estratégicos relacionados con infraestructura y comercio, marcando un cambio hacia una postura más agresiva para recuperar el liderazgo en el continente.
Recientemente, Washington ha promovido diversas iniciativas en varios países que reflejan este cambio de enfoque. Una de las decisiones más relevantes fue la imposición de restricciones de viaje a tres funcionarios chilenos vinculados a un proyecto de cableado submarino de fibra óptica que se desarrollaría en colaboración con China. Esta medida evidencia la preocupación de Estados Unidos por la penetración china en sectores estratégicos de la región.
Además, el gobierno norteamericano ha hecho advertencias a Perú sobre los riesgos de otorgar control sobre el megapuerto de Chancay, una obra financiada por empresas chinas. La infraestructura, que promete convertirse en uno de los puertos más profundos de Latinoamérica, ha suscitado inquietud en Washington, que teme que Beijing pueda utilizarlo con fines estratégicos, incluso militares. En este contexto, el presidente Trump se encuentra organizando una cumbre titulada “Escudo de las Américas” en su complejo de golf en Miami, donde se espera la participación de líderes latinoamericanos para discutir esta problemática regional.



