En un contexto de gran expectativa política, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha hecho una nueva propuesta al próximo Gobierno de Colombia, que asumirá el mando el 7 de agosto tras las elecciones presidenciales del 31 de mayo. A través de un comunicado, el ELN ha manifestado su intención de establecer un "acuerdo nacional" que busque crear las condiciones necesarias para alcanzar la paz en un país que ha sufrido décadas de conflicto armado. Esta iniciativa se enmarca en la voluntad del grupo de encontrar una solución política a las tensiones que han marcado la historia reciente de Colombia.
Desde 1989, el ELN ha mantenido un compromiso declarado con la búsqueda de la paz, participando en diversas mesas de diálogo. La guerrilla sostiene que nunca se ha levantado de estos espacios, lo que refleja un interés constante por encontrar una salida pacífica al conflicto. En su reciente comunicación, el grupo insurgente enfatizó que la construcción de este acuerdo debe ser un proceso inclusivo, donde se garantice la participación activa de la sociedad civil, un aspecto que podría abrir nuevas posibilidades para el diálogo.
Las negociaciones de paz entre el Gobierno colombiano y el ELN se reanudaron en noviembre de 2022 en Caracas, pero el proceso se encuentra actualmente paralizado. La situación se complicó en el primer semestre de 2025, cuando se registraron nuevas acciones violentas atribuidas al ELN en regiones como el Catatumbo y otras áreas fronterizas con Venezuela. La falta de avances significativos en las conversaciones ha llevado al presidente Gustavo Petro a cuestionar la disposición del grupo guerrillero para comprometerse con la paz.
El 24 de julio, el mandatario colombiano decidió dar por rotas las conversaciones, señalando la falta de voluntad del ELN para avanzar en el proceso. Sin embargo, en una reciente declaración, Petro ha dejado entrever su interés por reiniciar los diálogos, en respuesta a los mensajes del jefe negociador del ELN, conocido como Pablo Beltrán. Esta situación plantea un escenario de incertidumbre, donde la posibilidad de un nuevo acercamiento dependerá de la disposición de ambas partes para dejar atrás las diferencias y buscar un camino hacia la paz.
Según datos proporcionados por la organización InSight Crime, el ELN tiene presencia en al menos 231 municipios distribuidos en 19 departamentos de Colombia. Sus principales bastiones se encuentran en Chocó, Norte de Santander, donde se ubica el Catatumbo, y Arauca, que limita con Venezuela. Esta amplia presencia territorial no solo refleja la relevancia del grupo en el contexto colombiano, sino que también representa un desafío significativo para cualquier intento de estabilizar la región y poner fin al conflicto armado.
A pesar de los desafíos, el presidente Petro ha reiterado su llamado al ELN para que retomen las conversaciones de paz, enfatizando la urgencia de dar un paso decisivo hacia el fin del conflicto armado. Sin embargo, el ELN ha respondido que el actual Gobierno ha incumplido los acuerdos previos y ha utilizado maniobras para obtener ventajas militares, lo que ha llevado al fracaso del proceso de diálogo. Esta dinámica tensa entre las partes resalta la complejidad de la situación y la necesidad de un enfoque renovado que promueva la confianza y el compromiso real hacia una solución pacífica.



