En las últimas horas, el tifón Maysak ha causado estragos en la región sur de China, dejando un saldo trágico de al menos 39 fallecidos y nueve desaparecidos en Guangxi, donde las intensas lluvias generaron inundaciones devastadoras y el colapso de embalses. Este fenómeno meteorológico, que se considera el décimo de la temporada y el primero en tocar tierra en el país este año, ha llevado a las autoridades locales a revisar las cifras de víctimas, aumentando el número de muertos de seis a 39, mientras que los desaparecidos han sido reducidos de once a nueve.
Las condiciones climáticas extremas, que se han persistido en la región, han afectado a una población de aproximadamente 50 millones de habitantes, y han provocado que se registren hasta 553,8 milímetros de lluvia en ciertas áreas. La magnitud del desastre ha llevado a que 130.000 personas fueran evacuadas y 375.000 resultaran afectadas, aunque estos números no se han actualizado en el último balance oficial. La situación se complica aún más debido a que Guangxi es una región extensa, comparable en superficie a Rumanía, lo que añade un desafío considerable a los esfuerzos de respuesta y rescate.
Uno de los puntos críticos ha sido el embalse Liulan, ubicado en la localidad de Hengzhou, donde se reportaron brechas de aproximadamente 50 metros, lo que ha provocado el desbordamiento de agua hacia áreas aledañas. Esta situación alarmante ha despertado la preocupación entre los habitantes y las autoridades, quienes han intensificado las labores de monitoreo y alerta temprana para prevenir mayores catástrofes. La urgencia de estas acciones es evidente, dado que las lluvias continuas han generado crecidas de ríos y anegamientos en áreas urbanas, complicando aún más la situación.
Desde el viernes pasado, cuando Maysak tocó tierra, se han visto interrumpidos vuelos, trenes y servicios de ferry en la isla de Hainan, así como la activación de protocolos de respuesta en la provincia de Cantón. Esto refleja la magnitud del impacto que ha tenido el tifón en la infraestructura de transporte y en la vida cotidiana de los ciudadanos. Además, el presidente chino, Xi Jinping, ha instado a las autoridades a redoblar esfuerzos en las labores de rescate, socorro y atención a los heridos, así como en la reubicación de los afectados, en un intento de mitigar el daño humano que este tipo de desastres conllevan.
Cabe destacar que China ha estado enfrentando en las últimas semanas una serie de desastres naturales. En la provincia noroccidental de Gansu, un deslizamiento de tierra dejó 21 muertos, mientras que en Hubei, un episodio de convección severa provocó la muerte de once personas. Estos eventos subrayan la vulnerabilidad del país ante las fuerzas de la naturaleza y la necesidad de implementar medidas más eficaces para la gestión de riesgos. La coincidencia de estos desastres ha generado un clima de preocupación en la población y ha puesto a prueba la capacidad del gobierno para responder de manera efectiva.
Meteorólogos locales advierten que China se encuentra en un periodo crítico, ya que desde mediados de mayo ha experimentado lluvias intensas en sus regiones centrales y meridionales. Además, se prevé que el supertifón Bavi se dirija hacia el país, lo que podría agravar aún más la situación. La comunidad científica y las autoridades están en alerta ante el impacto que este nuevo tifón podría tener en una región ya golpeada por desastres naturales, lo que resalta la importancia de una preparación adecuada para enfrentar estos fenómenos.
En resumen, el tifón Maysak ha dejado una marca profunda en Guangxi, con un número significativo de víctimas y una comunidad que lucha por recuperarse. La combinación de la fuerza de la naturaleza y la vulnerabilidad de la infraestructura en la región plantea interrogantes sobre el futuro y la necesidad de reforzar los mecanismos de prevención y respuesta ante desastres en el país.



