En la última semana, el Gobierno logró obtener dictamen en la Cámara de Diputados para avanzar con el tratamiento del Súper RIGI, un esquema que en su momento fue visto como una propuesta favorable para el mercado. Sin embargo, el clima entre los empresarios ha cambiado drásticamente, y lo que antes se celebraba comienza a generar descontento. Críticas provenientes de diversos sectores, incluyendo al exministro de Economía Domingo Cavallo y la Fundación Mediterránea, han puesto en duda la efectividad de este nuevo régimen, sugiriendo que podría profundizar las distorsiones económicas existentes en lugar de resolverlas.

Las preocupaciones sobre el impacto del Súper RIGI han escalado en el círculo rojo, donde se manifiesta una creciente irritación por las excepciones fiscales que se están implementando en un contexto económico ya complejo. Este descontento no solo se centra en el costo fiscal que representa el esquema, sino también en la proliferación de regímenes especiales que, lejos de ofrecer soluciones duraderas, generan un mosaico de parches que perpetúan la discrecionalidad del Poder Ejecutivo. En este sentido, Cavallo ha enfatizado que otorgar privilegios a ciertos sectores es un error, abogando por un tratamiento equitativo para todos los actores de la economía.

Durante una reciente participación en el programa "Economía de Quincho", Cavallo no dudó en expresar su incomodidad hacia el Ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, a quien, en un ambiente oficialista, le hizo notar que comparte las inquietudes sobre el nuevo esquema. Este tipo de intercambios refleja una tensión creciente dentro del propio oficialismo, donde las voces críticas empiezan a resonar con fuerza. En paralelo, la Fundación Mediterránea emitió un informe que calificó al Súper RIGI como "otra isla en un océano de distorsiones", resaltando la necesidad de un enfoque más integral y menos fragmentado en la política económica.

La incertidumbre también se extiende a los grandes inversores que, a pesar de ser los beneficiarios directos de las políticas del Gobierno, comienzan a cuestionar la sostenibilidad de estas medidas. Un consultor que trabaja con importantes empresas del sector energético y minero resumió la situación con una frase reveladora: "Lo que fácil llega, fácil se va". Aunque las exenciones fiscales que propone la administración actual superan las expectativas iniciales de muchos inversores, la inestabilidad política se ha convertido en un factor crucial en las decisiones empresariales.

Las elecciones del próximo año añaden una capa de complejidad al escenario político y económico. La imagen de Javier Milei, que en un principio había generado expectativas, muestra signos de desgaste. Esta situación genera inquietud entre los inversores, quienes contemplan la posibilidad de un regreso al poder del peronismo, con figuras como Axel Kicillof a la cabeza. La historia reciente sugiere que un cambio de gobierno podría complicar la continuidad de los regímenes de promoción como los RIGI, dados los antecedentes de disputas en tribunales internacionales que han marcado a las administraciones anteriores.

En este contexto, la preocupación sobre el "riesgo Adorni" surge como una nueva variable a considerar por los grandes inversores. Este término, que hace referencia a la posibilidad de que las políticas impulsadas por la administración actual no logren sostenerse en el tiempo, resuena cada vez con más fuerza en los círculos empresariales. La discusión sobre el futuro del Súper RIGI y su impacto en la economía nacional es un tema candente que requiere análisis profundos y decisiones estratégicas que trasciendan los intereses sectoriales para abordar la complejidad de la economía argentina en su conjunto.