La reciente participación de Manuel Adorni en el Congreso ha generado nuevas expectativas en el gobierno de Javier Milei, que busca recuperar el control de la agenda legislativa. La presencia del jefe de Gabinete ante los Diputados fue vista como una oportunidad para despejar las críticas sobre su patrimonio y su estilo de vida, que han sido objeto de atención mediática. Sin embargo, la situación en el Congreso es compleja y el oficialismo enfrenta numerosos obstáculos que dificultan su capacidad de gestión y avance legislativo.
Desde el verano, cuando La Libertad Avanza logró una serie de victorias en el ámbito legislativo, la dinámica ha cambiado drásticamente. El discurso contundente de Milei en la Asamblea Legislativa marcó un punto de inflexión, llevando al Congreso a una fase de estancamiento. Desde entonces, los avances legislativos han sido escasos, con excepción de algunas leyes, como la que regula la protección de los glaciares, que no han logrado generar un impacto significativo en la agenda nacional.
En el contexto actual, los proyectos enviados por Casa Rosada después del 1 de marzo han tenido un desarrollo limitado. De todos ellos, solo uno cuenta con dictamen de comisión: la Ley Hojarasca, impulsada por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. Esta propuesta busca derogar alrededor de 70 leyes que han quedado obsoletas o superadas por normas más recientes, tales como la Ley del Lobizón o la que inhabilita a autoridades que apliquen castigos físicos. La relevancia de esta ley radica en su intento de simplificar el marco normativo, aunque su impacto real aún está por verse.
A pesar de los esfuerzos del oficialismo, la Cámara de Diputados no tiene programadas sesiones en el corto plazo. Según fuentes cercanas a La Libertad Avanza, las prioridades en este momento están enfocadas en lograr la ratificación del Tratado de Cooperación de Patentes (TCP), un compromiso que el gobierno pretende cumplir antes de mayo, en el marco del acuerdo comercial con Estados Unidos. Sin embargo, las dificultades surgen debido al fuerte lobby del sector farmacéutico, que ha generado demoras en el proceso legislativo. Las promesas de avances pronto son un tema recurrente entre los funcionarios, pero la falta de acción concreta sigue generando desconfianza.
Por otro lado, la propuesta de reforma electoral presentada por Milei, que busca eliminar las PASO, parece estar perdiendo impulso. Esta es la tercera vez que se presenta esta iniciativa en el Congreso, y en esta ocasión enfrenta la resistencia de sus principales aliados, el PRO y la UCR. Ambos partidos han sugerido alternativas, como la eliminación de la obligatoriedad de las primarias, lo que indica que el consenso necesario para avanzar en este tema aún está lejos de lograrse. La frase “la tercera es la vencida” podría no aplicarse en este caso, dado el clima de incertidumbre.
Mientras tanto, el gobierno enfrenta críticas por su cumplimiento de leyes relacionadas con la Discapacidad y el Financiamiento Universitario, que fueron impulsadas por la oposición y que aún siguen sin ser implementadas tras un veto presidencial. En respuesta, se han presentado versiones alternativas más alineadas con un enfoque de equilibrio fiscal, aunque estas iniciativas también parecen tener escasas posibilidades de éxito en un contexto político tan polarizado. La Ley de Financiamiento Universitario, que se planteó durante el verano, ha sido objeto de debate, pero sus propuestas de aumentos salariales han sido consideradas insuficientes por los sectores involucrados.
La situación en el Congreso refleja un momento crítico para el oficialismo, que debe navegar entre las expectativas de sus seguidores y las realidades del poder legislativo. La falta de sesiones, la resistencia de sus aliados y la presión de los sectores de la oposición complican aún más la tarea del gobierno. A medida que se acercan plazos importantes, el futuro legislativo del gobierno de Javier Milei permanece incierto, y la capacidad de retomar el control de la agenda se convierte en un desafío monumental.



