Desde hace más de una década, el debate sobre la prohibición del velo integral islámico en espacios públicos ha tomado relevancia en Europa. El primer artículo que abordó este tema se publicó en 2012, coincidiendo con la aparición de un libro que advertía sobre los desafíos que la ideología salafista representa para las democracias liberales. A lo largo de los años, varios países europeos han implementado restricciones: Francia fue pionera bajo el gobierno de Nicolás Sarkozy, seguida por Bélgica, Bulgaria, Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suiza, entre otros. Recientemente, en España, se ha rechazado una propuesta de prohibición del velo integral, pero se están presentando nuevas iniciativas que podrían ganar apoyo parlamentario.
A medida que la discusión avanza, Europa parece estar tomando medidas para limitar el uso del burka y el niqab en espacios públicos, e incluso hay países que han prohibido el hiyab en las escuelas. Sin embargo, surge la pregunta de si esta tendencia señala el inicio de un debate más amplio sobre el choque entre la ideología islamista y los principios de la democracia liberal.
Históricamente, las democracias liberales han confundido el aspecto ideológico con el religioso, minimizando la amenaza que representa el salafismo. Este fenómeno, que no se reduce a una cuestión de fe, se convierte en una ideología de conquista que busca revertir avances sociales y derechos fundamentales. El desafío radica en reconocer que el problema no es el Islam en sí, sino el uso de la religión como justificación para imponer leyes arcaicas que contrarrestan los principios democráticos. De esta manera, el salafismo ha crecido en las comunidades musulmanas de Occidente, transformándose en una ideología que influye en las mezquitas y otros espacios de congregación.



