La Cámara de Diputados de la Nación se convirtió en un escenario de tensión el 25 de febrero de 1976. A medida que el reloj del golpe, como lo había denominado el comandante del Ejército, Jorge Rafael Videla, avanzaba, el gobierno de María Estela Martínez de Perón enfrentaba una crisis inminente. La oposición había presentado un pedido de juicio político para destituir a la presidenta, alegando inhabilidad política, lo que intensificó el clima de incertidumbre.

En ese contexto, la situación económica del país era alarmante. Con un incremento del 14,6% en los precios durante enero, un mes que históricamente había sido de baja inflación, la inflación anual alcanzaba un asombroso 359%. Además, el desempleo crecía rápidamente, mientras que los salarios apenas lograban cubrir las necesidades básicas. La cotización del dólar, que a finales de enero era de 140 pesos, superaba los 290 pesos en cuestión de semanas, evidenciando una crisis monetaria sin precedentes.

La presión empresarial también se hacía sentir. La Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE) había lanzado un lockout patronal el 16 de febrero, denunciando interferencias en las fábricas y acusando al gobierno de ser parte de una supuesta anarquía. Estas maniobras buscaban desestabilizar aún más al gobierno de Perón, que intentó contrarrestar la situación con cambios en su gabinete, como el desplazamiento de Antonio Cafiero del Ministerio de Economía. Sin embargo, la incertidumbre política y económica continuaba en aumento, marcando el inicio de un oscuro capítulo en la historia argentina.