La historia del encierro de Valentín Arregui, un militante político, y Luis Molina, presentado como una “loca”, marcó una nueva consagración para Manuel Puig. En una prisión política, ambos personajes atraviesan los años de idealismo y convulsión a través de conversaciones en las que se cruzan la imaginación, el deseo, la memoria del cine y las experiencias de quienes enfrentan la persecución por sus ideas o su identidad sexual.

La relación de Puig con el cine ya estaba presente en su obra y en sus fantasías tempranas con las divas y los monstruos de Hollywood. El escritor también había alcanzado reconocimiento local con Boquitas pintadas a fines de los cincuenta. En El beso de la mujer araña, esa mirada se proyectó sobre el encierro y sobre los relatos de presos políticos y disidentes sexuales, con encuentros atravesados por la ternura, la magia y una posible liberación.

Publicada en Barcelona después de algunos rechazos, la novela significó el reconocimiento internacional para el escritor nacido en General Villegas y criado en el territorio de la imaginación. Con el paso del tiempo, la obra fue adaptada al teatro, al cine y al musical, y volvió a encontrar lectores y espectadores en sus frases y canciones. En sus primeras páginas aparece la mujer pantera escondida detrás de la tela de una araña: “A ella se le ve que algo raro tiene, que no es una mujer como otras”, comienza la novela, cuya voz es la de Molina.