El último Tedeum, celebrado en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, se convirtió en un escenario propicio para que el arzobispo Jorge García Cuerva expresara un profundo descontento hacia el actual Gobierno. Frente a la presencia del presidente Javier Milei y varios miembros de su Gabinete, García Cuerva recordó momentos históricos de la relación entre la Iglesia y el Estado, evocando el discurso del entonces cardenal Jorge Bergoglio ante Néstor Kirchner hace dos décadas. Con un tono educado pero firme, el arzobispo dejó en claro que la Iglesia católica no se siente representada ni conforme con las políticas del Ejecutivo actual, aunque se ha mantenido en una postura de respeto y formalidad.
El mensaje del arzobispo fue contundente y se centró en la dignidad humana, enfatizando que "nadie es descartable, ni desechable". En sus palabras, destacó la importancia de proteger a los grupos más vulnerables de la sociedad, como los ancianos, los niños, y las personas con discapacidad. Esto refleja una preocupación creciente dentro de la comunidad religiosa por la situación de los adolescentes que se involucran en el narcotráfico como una salida laboral rápida, así como la crítica realidad que enfrentan los jubilados con pensiones mínimas que apenas les permiten cubrir necesidades básicas.
García Cuerva abordó también la falta de empleo que afecta a los sectores más desfavorecidos, particularmente en los barrios populares donde la Iglesia tiene una fuerte presencia. Su llamado a la acción se extendió a la clase dirigente, instando a los políticos a fomentar el diálogo y la reconciliación social. "Lo que nos falta es una clase dirigente que se anime al diálogo, al encuentro y la reconciliación", afirmó, subrayando la necesidad urgente de abordar las preocupaciones de quienes sufren las consecuencias de la crisis económica y la precarización laboral.
El arzobispo también aludió a la polarización que caracteriza el debate político actual, advirtiendo que "basta de arengar la división". En un contexto donde la intolerancia y el rechazo a la diversidad parecen predominar, García Cuerva instó a los ciudadanos y a los líderes a respetar y valorar las diferencias de pensamiento, un llamado a la unidad en un tiempo de fragmentación.
El mensaje de García Cuerva fue respaldado por el arzobispo de La Plata, Gustavo Carrara, quien centró su discurso en la urgencia de visibilizar la situación de los trabajadores despojados de sus derechos. Carrara, también presidente de Cáritas, hizo hincapié en la necesidad de acercarse a las periferias de la sociedad, donde se encuentran aquellos que luchan por un futuro mejor. "Debemos contemplar y escuchar a esos miles de mujeres y hombres que hacen fila para trabajar honradamente", expresó, resaltando la importancia de generar empleo y dignidad en el trabajo.
Ambos arzobispos comparten una preocupación notoria por la realidad social del país, donde la pobreza y la falta de oportunidades se convierten en temas recurrentes en sus discursos. Esta creciente tensión entre la Iglesia y el Gobierno pone de manifiesto la necesidad de un diálogo real y efectivo, que permita abordar las problemáticas que aquejan a los sectores más vulnerables y fomente un clima de respeto y colaboración en la construcción de un futuro más justo.
La relación entre la Iglesia y el Estado en Argentina ha sido históricamente compleja, marcada por momentos de cercanía y conflictos. La postura crítica adoptada por García Cuerva y Carrara sugiere que, en este contexto, el desafío para el Gobierno será no solo escuchar las demandas de la Iglesia, sino también actuar de manera efectiva para abordar los problemas sociales que estos líderes religiosos han puesto de manifiesto.



