En el contexto político colombiano, la reforma agraria se presenta como un tema crucial dentro de la agenda del Gobierno de Gustavo Petro. Felipe Harman, director de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), ha subrayado la importancia de este proceso, aunque también ha señalado los obstáculos que enfrentará el próximo gobierno a partir del 7 de agosto. La continuidad de los avances logrados durante su gestión se ha convertido en un punto de atención, ya que el latifundio, a su juicio, sigue siendo un fenómeno respaldado por intereses poderosos que operan fuera del marco jurídico.
Harman afirma que el verdadero problema radica en las estructuras de poder que sostienen la concentración de la propiedad rural en el país. A su parecer, las leyes no son el principal impedimento para democratizar la tierra, sino que son las conexiones políticas y económicas, así como la violencia armada, las que perpetúan un sistema desigual. Esto refleja una realidad histórica en Colombia, donde la violencia y el despojo han sido constantes en el campo, dificultando la redistribución equitativa de la tierra.
Durante la administración actual, se han logrado avances significativos en la formalización de tierras. Según datos del Ministerio de Agricultura y la ANT, se han formalizado más de 2,28 millones de hectáreas y se han entregado 351.000 hectáreas a familias campesinas y comunidades étnicas. Además, 806.081 hectáreas han sido incorporadas al Fondo de Tierras, y más de 550 predios recuperados, que en total suman unas 109.000 hectáreas, estaban bajo control de actores ilegales, como el narcotráfico y el paramilitarismo. Estos logros son considerados por algunos como símbolos de la reforma agraria que busca transformar el paisaje rural colombiano.
Sin embargo, los éxitos no han estado exentos de controversias. Recientemente, organizaciones campesinas han llevado a cabo bloqueos en el departamento del Cesar como protesta por los retrasos en la entrega de títulos de propiedad. Estas acciones reflejan un descontento creciente entre aquellos que se sienten marginados por el proceso, y resaltan la necesidad de que las autoridades aborden las preocupaciones sobre la formalización de la tierra. Los líderes de la oposición han criticado lo que consideran irregularidades en la entrega de tierras, alegando que se han adjudicado predios sin haber completado los procesos de formalización necesarios.
Ante estas críticas, el director de la ANT defiende la legalidad de los avances logrados hasta ahora. Harman sostiene que el riesgo para la reforma agraria no reside en la falta de documentación, sino que está en la violencia que, según él, no espera a que se completen los trámites legales. "La violencia no pide papeles en Colombia. La violencia llega a la fuerza", enfatiza, lo que pone de manifiesto la complejidad del contexto en el que se lleva a cabo la reforma agraria.
La creación de nuevas Zonas de Reserva Campesina y Territorios Campesinos Agroalimentarios, así como la inversión de cerca de ocho billones de pesos, son parte de los esfuerzos del gobierno para promover un acceso más justo y equitativo a la tierra. Sin embargo, la situación sigue siendo frágil y dependiente de la voluntad política del futuro gobierno. La combinación de intereses económicos, el legado de la violencia y la lucha por los derechos de los campesinos son factores que marcarán el rumbo de la reforma agraria en Colombia en los próximos años.
En conclusión, aunque se han dado pasos importantes hacia la democratización de la tierra en Colombia, la lucha por una reforma agraria efectiva y duradera está lejos de concluir. La próxima administración enfrentará el reto de proteger los logros alcanzados y de abordar las profundas inequidades que aún persisten en el campo colombiano. El futuro de la reforma agraria dependerá no solo de las políticas implementadas, sino también de la capacidad de las instituciones para enfrentar los desafíos que plantea el latifundio y sus aliados en un país donde la historia de la tierra es a la vez rica y dolorosa.



