La situación de Cuba combina una profunda crisis humanitaria con incertidumbre política y frustración social. Para comprender el drama que atraviesa la isla, resulta necesario distinguir quiénes intervienen, qué papel desempeña cada uno y cuál es la actitud que adoptan quienes observan el desarrollo de los acontecimientos.

La comparación con The Rocky Horror Show, el espectáculo popularizado en la década de 1970, aparece como una forma de describir el clima que rodea a las últimas noticias sobre Cuba: una mezcla de horror, desconcierto y frustración. El horror surge de la gravedad de la crisis que mantiene postrada a una parte importante de la población. El desconcierto, de las versiones sobre un posible acuerdo entre el régimen cubano y el gobierno de Estados Unidos, basado en una fórmula que también se buscaría aplicar al régimen de Venezuela.

La frustración, en tanto, está vinculada con el estancamiento de una situación que continúa perjudicando al pueblo cubano sin acercarlo a un futuro de libertad. La isla aparece atrapada en un laberinto cuyas salidas terminan debilitando a la sociedad civil y postergando el desarrollo democrático. Mientras ese escenario persista, Cuba seguirá sometida a dirigentes más preocupados por conservar el poder y la riqueza que por garantizar el bienestar de sus habitantes.

En esa tragedia, el análisis identifica tres protagonistas. El primero es el pueblo cubano, neutralizado durante décadas mediante mecanismos de represión y también a través de la posibilidad de emigrar como válvula de escape. El material disponible se detiene en este punto, sin desarrollar la descripción de los otros dos actores mencionados.