La situación energética en Cuba ha alcanzado un nuevo nivel de crisis tras la reciente desconexión total del sistema eléctrico nacional, un fenómeno que se ha convertido en habitual en el país. Este apagón, que representa el segundo en lo que va de la semana y el tercero en el mes, fue provocado por una falla técnica en la central termoeléctrica de Nuevitas, ubicada en la provincia de Camagüey. La gravedad de la situación se ve acentuada por la falta de recursos energéticos, lo que ha llevado al gobierno a enfrentar una crisis sin precedentes en el suministro de electricidad.

El restablecimiento de la electricidad en la isla se está llevando a cabo de manera inusualmente lenta. La causa principal de este retraso radica en la paralización de los motores de generación distribuida, que son esenciales para garantizar un suministro constante de energía. Sin embargo, la Unión Eléctrica de Cuba ha confirmado que estos equipos no cuentan con reservas de diésel ni de fueloil desde enero de este año, lo que agrava aún más la situación y pone en evidencia la vulnerabilidad del sistema eléctrico cubano.

Además de la escasez de diésel, la crisis energética en Cuba también se ve exacerbada por el deterioro de la infraestructura eléctrica, la cual fue construida en su mayoría durante las décadas de 1960 y 1970. Antes de este último apagón, diez de las dieciséis unidades termoeléctricas del país ya se encontraban fuera de servicio, ya sea por fallas mecánicas o por trabajos de mantenimiento preventivo. Este panorama refleja una falta de inversión y de atención a un sector crítico para el desarrollo del país, que ha sufrido un estancamiento durante años.

El contexto de esta crisis se agrava por las sanciones impuestas por Estados Unidos, que han tenido un impacto significativo en la economía cubana. En enero de 2026, la administración del entonces presidente Donald Trump implementó aranceles extraordinarios a cualquier país que suministrara petróleo a Cuba, lo que resultó en la paralización total de las importaciones. Esta medida ha dejado a la isla en una situación de extrema dependencia de fuentes internas, incapaces de satisfacer la demanda energética.

A esta problemática se suma la interrupción de los envíos de petróleo desde Venezuela, un socio estratégico para la isla, especialmente tras la detención de Nicolás Maduro. Además, el reciente veto estadounidense al paso de buques rusos que transportan combustible hacia Cuba ha limitado aún más las opciones disponibles para el gobierno cubano. El resultado de esta combinación de factores ha llevado a un aumento dramático en el mercado negro, donde los precios del combustible alcanzan hasta 9 dólares por litro, lo que representa una carga aún mayor para la población.

El impacto de esta crisis energética se siente profundamente en la vida cotidiana de los cubanos, quienes han visto cómo la economía del país se contrajo más de un 15% desde el año 2020. En este contexto, el presidente Miguel Díaz-Canel ha declarado que se están llevando a cabo conversaciones bilaterales con otros países para encontrar soluciones a la crisis energética. Sin embargo, la situación sigue siendo crítica, y el ex presidente Trump no ha dudado en calificar a Cuba como una "nación muy debilitada", sugiriendo incluso la posibilidad de una intervención en el territorio, lo que podría tener repercusiones aún más graves para la soberanía y la estabilidad del país.