La Habana se prepara para una nueva jornada de apagones prolongados este miércoles, con la previsión de que hasta un 61% del territorio nacional quede afectado durante el horario pico de consumo de energía. Según datos proporcionados por la Unión Eléctrica (UNE), la situación se ha vuelto crítica, poniendo en evidencia la complejidad de una crisis energética que se ha venido agravando desde mediados de 2024. La combinación de problemas estructurales internos y presiones externas, como el asedio petrolero impuesto por Estados Unidos, ha llevado al gobierno cubano a calificar estas medidas de "genocidas", argumentando que están ahogando las posibilidades de desarrollo de la isla.

En los últimos días, los apagones han superado el 60% de afectación durante las horas de mayor demanda, alcanzando incluso un alarmante 70% el pasado jueves, donde la mayoría de la población experimentó cortes de energía simultáneos. La UNE, que depende directamente del Ministerio de Energía y Minas, ha señalado que la capacidad de generación eléctrica para el momento de máxima demanda se estima en 1.300 megavatios (MW), mientras que la demanda real se eleva a 3.250 MW. Este desfase de 1.950 MW obliga a la entidad a desconectar deliberadamente partes del sistema, alcanzando un total de 1.980 MW en su estimación de cortes necesarios.

La crisis energética en Cuba no solo se debe a las restricciones externas, sino también a la obsolescencia de las instalaciones termoeléctricas, muchas de las cuales llevan décadas operando sin las inversiones adecuadas para su mantenimiento y modernización. En este contexto, actualmente siete de las 16 unidades de generación termoeléctrica del país están fuera de servicio, ya sea por fallos mecánicos o por trabajos de mantenimiento. Esta fuente de energía, que representa un 40% del mix energético nacional y utiliza crudo nacional, no se ve directamente afectada por el bloqueo petrolero; sin embargo, el resto del sistema está comprometido.

Otro 40% del suministro energético proviene de motores de generación que requieren diésel y fueloil importado, recursos que se han vuelto escasos debido a las restricciones impuestas por el gobierno estadounidense. Como resultado, muchos de estos motores han tenido que ser detenidos desde enero, aumentando aún más la presión sobre un sistema ya debilitado. El 20% restante del mix energético cubano proviene de gas y fuentes renovables, donde la energía solar ha recibido un impulso reciente gracias al apoyo de inversiones chinas.

El gobierno cubano ha reconocido la gravedad de la situación, describiendo el estado del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) como "agudo" y "extremadamente tenso". Esto ha llevado a que los ciudadanos de La Habana y otras regiones experimenten apagones que superan las 22 horas en algunos casos, lo que ha generado un descontento creciente en la población. A medida que la crisis se profundiza, diversos estudios independientes estiman que se necesitarían entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para revitalizar el sistema energético cubano y aliviar los sufrimientos de la población.

Cuba enfrenta una necesidad urgente de alrededor de 100.000 barriles de petróleo diarios para satisfacer su demanda energética, pero actualmente solo logra producir cerca de 40.000 barriles en sus propios pozos. Esta disparidad entre la producción y la demanda no solo subraya la fragilidad del sistema energético cubano, sino que también pone de manifiesto la necesidad de un replanteo profundo en la estrategia energética del país. Sin una solución integral que aborde tanto los desafíos internos como externos, el futuro energético de la isla parece estar en una encrucijada crítica que podría tener repercusiones significativas en el bienestar de su población.