El columnista español José F. Peláez cuestionó la dinámica cada vez más rudimentaria y emocional que, según su análisis, domina la política en Occidente. Con ironía, apuntó contra la idea de que la división ideológica permite identificar automáticamente a un sector como “bueno” y al otro como “malo”, una lógica que también trasladó a la disputa entre las distintas corrientes de la derecha.
Peláez planteó que la oposición a Pedro Sánchez puede ejercerse desde posiciones muy diferentes y criticó la descalificación de quienes sostienen una tradición liberal-conservadora, presentada por los sectores más radicalizados como una postura de “moderaditos”. En ese marco, sostuvo que la extrema derecha no constituye una versión superadora de la derecha tradicional, sino algo distinto: “La extrema derecha no es derecha. No asume la cosmovisión de la derecha ni la supera. Ni siquiera llega. En realidad, es una infraderecha”.
El neologismo es utilizado por el columnista para describir una corriente definida más por el rechazo que por la elaboración de una propuesta propia. “No se puede construir desde un negativo”, afirmó. También cuestionó que quienes critican con igual intensidad los “tics iliberales” de distintos sectores sean etiquetados como “equidistantes”.
Según Peláez, esa lógica empuja a reemplazar la defensa de ideas por la defensa de siglas y transforma el ejercicio periodístico en activismo. “La solución parece ser criticar solo a unos y dejar de defender unas ideas para pasar a defender unas siglas, es decir, dejar de ser periodistas para convertirnos en activistas”, escribió. Su crítica alcanza así tanto a la radicalización ideológica como a la presión para alinearse sin matices con uno de los bandos de la disputa política.



