El radicalismo en la provincia de Buenos Aires se encuentra en medio de una profunda crisis de identidad, marcada por tensiones internas que amenazan con desdibujar aún más su liderazgo. En este contexto, las luchas por el control del partido han vuelto a resurgir, y un sector de la UCR se muestra cada vez más reticente hacia Martín Lousteau, quien, tras su paso como presidente del Comité Nacional, ve su figura debilitada dentro de las filas de la agrupación.
La última demostración de fuerza provino de Miguel Fernández, exintendente de Trenque Lauquen, quien ha decidido tomar la delantera en esta disputa interna. Fernández, quien impugnó el adelanto de las elecciones partidarias en la provincia, llevó a cabo un acto en Saladillo donde congregó a más de 500 militantes. Este evento no solo simboliza una manifestación de poder territorial, sino que también se presenta como una estrategia para anticiparse a la resolución judicial que se espera del juez Alejo Ramos Padilla, quien deberá pronunciarse sobre la validez del adelanto electoral que propuso Lousteau.
La situación se complica aún más cuando se considera que Fernández compartía la dirección del partido en Buenos Aires con Pablo Domenichini, un aliado de Lousteau. La elección de 2024, que quedó inconclusa por diversas razones, ha generado un clima de incertidumbre y desconfianza entre los miembros de la UCR. El intento de Lousteau de adelantar los comicios de septiembre a junio, en acuerdo con Maximiliano Abad, fue rápidamente impugnado por Fernández, quien se alejó del círculo cercano al ex presidente del Comité.
En este marco, el exintendente no solo logró reunir a un significativo número de militantes, sino que también convocó a trece intendentes que previamente se habían distanciado de la UCR para unirse al espacio liderado por Juan Schiaretti, conocido como Provincias Unidas. Esta deserción se produjo como consecuencia de la falta de alineación con la dirección del partido a nivel nacional, bajo la gestión de Lousteau. Tras su salida del Comité Nacional, Lousteau fue reemplazado por Leonel Chiarella, intendente de Venado Tuerto, quien cuenta con el respaldo del gobernador santafesino, Maximiliano Pullaro, lo que sugiere un cambio en las dinámicas de poder dentro de la UCR.
Los cuestionamientos hacia Lousteau, que ya venían de tiempo atrás, han alcanzado un punto crítico. En su rol como senador, el político perdió gran parte de su influencia, ya que sus propuestas no lograron el respaldo necesario de sus colegas. Esta falta de apoyo culminó en su aislamiento dentro del Senado, donde finalizó su mandato sin el respaldo de otros senadores radicales, a pesar de haber sido presidente del partido en ese período.
En la actualidad, Lousteau parece ser sostenido únicamente por Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA y exdiputado nacional. Sin embargo, este apoyo se encuentra en un estado precario, ya que Yacobitti también comienza a experimentar la erosión de su propia autoridad dentro de la UCR. La pugna por el calendario electoral pone de manifiesto la fractura interna en la UCR bonaerense, donde no solo se definirán las autoridades del Comité Provincial y distritales, sino que también se deberán elegir a los convencionales que establecerán la dirección política del partido de cara a las próximas elecciones.
Esta serie de eventos refleja la necesidad urgente de una reestructuración dentro del radicalismo, que enfrenta el desafío de recuperar su identidad y cohesión en un entorno político cada vez más competitivo. En el horizonte, se vislumbran importantes decisiones que podrían determinar el futuro del partido en la provincia, lo que lleva a preguntarse si Lousteau podrá recuperar su influencia o si la UCR se verá obligada a redefinir su liderazgo para adaptarse a las nuevas realidades políticas.



