El cielo de Lima se vistió de gala este jueves con el sobrevuelo de aviones de combate F-16 de Estados Unidos, que se preparan para una impresionante exhibición aérea. Esta presentación se lleva a cabo en un contexto de crisis política en Perú, luego de la reciente adquisición de una flota de estos cazas, lo que ha generado tensiones dentro del gobierno interino liderado por José María Balcázar. A pesar de la controversia, el evento forma parte del Festival BALP de la Fuerza Aérea de Perú (FAP), que conmemora los 112 años del nacimiento del héroe nacional José Abelardo Quiñones.
El equipo de acrobacias 'Viper Demo Team', que pertenece a la Fuerza Aérea de Estados Unidos, comenzó sus entrenamientos en la capital peruana, mostrando las capacidades de vuelo del F-16. Este caza, que comenzará a ser operado por la FAP en 2029, se posiciona como el más moderno y avanzado de Latinoamérica. El mayor Taylor Hiester, quien lidera el equipo de exhibición, se mostró entusiasta al resaltar que las habilidades del F-16 han sido comprobadas en diversos escenarios de combate, consolidándose como uno de los aviones de combate más exitosos de Lockheed Martin, con casi 5.000 unidades producidas desde 1973.
La controversia en torno a la compra de los F-16 se intensificó tras la firma de un contrato entre el gobierno peruano y Lockheed Martin, que incluye la adquisición de un primer lote de doce unidades por un valor de 2.000 millones de dólares. Posteriormente, se contempla un segundo lote de otras doce aeronaves por 1.500 millones. El embajador de Estados Unidos en Lima, Bernie Navarro, detalló que esta oferta se ajustó a las necesidades planteadas por Perú, que había presupuestado un total de 3.500 millones para la compra de 24 aviones.
La versión que recibirá Perú es el F-16 Block 70, la más reciente y avanzada de este modelo, que incluirá configuraciones y equipos personalizados. Esta adquisición, sin embargo, se realizó en medio de un clima de incertidumbre política, ya que la compra fue llevada a cabo sin el consentimiento del presidente interino Balcázar, quien había preferido que la decisión recayese en el futuro gobierno.
La crisis política se agudizó cuando el lunes, los altos mandos militares firmaron los contratos con Lockheed Martin, y el miércoles, el Ministerio de Economía procedió a realizar el primer pago de 462 millones de dólares. Ante la posibilidad de que Balcázar pudiera frenar esta transacción, dos ministros clave, el de Relaciones Exteriores, Hugo De Zela, y el de Defensa, Carlos Díaz, presentaron su renuncia en un acto que refleja la tensión existente en el gabinete.
La compra de los F-16 no solo representa un desafío para la estabilidad del gobierno interino, sino que también plantea interrogantes sobre la capacidad de Perú para manejar sus compromisos de defensa en un entorno geopolítico cambiante. Este episodio es un claro ejemplo de cómo las decisiones militares pueden influir en la dinámica política interna, especialmente en un país donde la confianza en las instituciones es ya frágil. A medida que se acerca la exhibición aérea, la atención se centra tanto en las capacidades de los nuevos aviones como en el futuro político del país.


