La morosidad en el sector familiar argentino alcanzó un alarmante 12,7% en mayo, de acuerdo a un informe anticipado por la consultora 1816. Este aumento es parte de una tendencia preocupante que también afecta a las pequeñas y medianas empresas (pymes), donde la morosidad pasó del 3,3% al 3,5%. En contraste, el incumplimiento en entidades no financieras se disparó hasta un 32,2%. Este panorama se agrava con la advertencia de los bancos, que han señalado que, aunque la morosidad de los hogares parece haber tocado un techo, la situación de las empresas sigue deteriorándose, especialmente en el segmento de las pymes, tal como lo indicó Diego Rivas, CEO de Banco Galicia.
Un dato alarmante que se desprende de este informe es que más del 27% de los individuos que accedieron a créditos se encuentran actualmente en mora, lo que significa que 5,8 millones de argentinos han quedado fuera del circuito crediticio. Esta situación ha sido analizada por el Instituto Argentina Grande (IAG), que sostiene que el acceso al crédito para las familias no será un motor significativo para la actividad económica en el corto plazo, a diferencia de lo que ocurrió en el segundo semestre de 2024 y el primer semestre de 2025.
Es fundamental entender que el índice de morosidad refleja un stock acumulado de créditos impagos, ya que estos permanecen en los balances de las entidades bancarias durante un año antes de ser dados de baja contablemente. Esto implica que el indicador no solo refleja nuevos incumplimientos, sino que también se ve influenciado por la entrada de nuevos deudores al sistema. Así, el aumento en la morosidad podría interpretarse más como un deterioro del stock existente en lugar de un incremento en el flujo de nuevos incumplimientos, según lo señalado por Rivas. "La morosidad está mejorando lentamente, aunque desde niveles que no son deseables. Cada vez hay menos clientes que entran en mora", destacó.
Los bancos, por su parte, argumentan que el nivel de morosidad entre las familias es inferior al promedio del sistema. Esto se debe a que un gran número de personas maneja cuentas sueldo y se espera que el aguinaldo contribuya a regularizar algunas deudas. Rivas, por ejemplo, menciona que la morosidad en el sector familiar ha encontrado un "techo" en su evolución. En un banco público, la morosidad se sitúa alrededor del 6,5%, una cifra considerablemente más baja que el promedio general del sistema.
Sin embargo, fuentes del sistema financiero han indicado que el problema más urgente proviene del uso excesivo de tarjetas de crédito, particularmente en el Gran Buenos Aires, donde la morosidad en este tipo de productos alcanza un alarmante 20%. Este escenario resalta la dependencia de muchos argentinos de las tarjetas de crédito como herramienta financiera, lo que a su vez genera un círculo vicioso de deuda.
Al desglosar el índice de morosidad, la consultora 1816 ha observado que los jóvenes son los más afectados, con casi el 40% de los menores de 35 años que poseen créditos en entidades financieras o no financieras enfrentando al menos un préstamo irregular. Este fenómeno se ha intensificado, en parte, por la creciente influencia de las apuestas deportivas, un sector que ha ganado popularidad y que ha comenzado a afectar la salud financiera de los más jóvenes. A medida que se acercan eventos deportivos como el Mundial 2026 en México, se espera que esta problemática se agrave aún más, lo que genera una preocupación adicional sobre la estabilidad financiera de los argentinos.
En resumen, la morosidad en Argentina presenta un panorama complejo que afecta tanto a las familias como a las empresas, con un número creciente de personas quedando fuera del acceso al crédito. Las entidades bancarias advierten sobre el deterioro en la situación de las pymes, mientras que los jóvenes se ven atrapados en un ciclo de deudas que podría tener repercusiones a largo plazo en la economía del país. En este contexto, es crucial que se implementen medidas efectivas para ayudar a los deudores y estabilizar el sistema financiero argentino.



