En Uruguay, el acceso a la marihuana legal se articula a través de tres modalidades distintas: la compra en farmacias autorizadas, el cultivo personal de hasta seis plantas y la afiliación a clubes canábicos. Sin embargo, todas estas opciones requieren que los usuarios estén registrados, limitando esta posibilidad únicamente a los residentes del país. En este contexto, activistas y ciertos funcionarios del gobierno están abogando por la ampliación de la normativa para permitir que los turistas también puedan acceder a este mercado regulado, generando un intenso debate sobre las oportunidades y desafíos de tal apertura.

Actualmente, el sistema uruguayo cuenta con 58 farmacias habilitadas que atienden a aproximadamente 86.500 usuarios registrados. Por otro lado, el cultivo doméstico tiene alrededor de 10.400 inscritos, mientras que los clubes canábicos suman 20.200 miembros distribuidos en 575 establecimientos. A pesar de que los clubes tienen un menor número de usuarios en comparación con las farmacias, han logrado vender casi la mitad de la marihuana legal desde la implementación de la ley en 2017. Este desempeño ha llevado a los clubes a solicitar una mayor inclusión en las políticas públicas relacionadas con el cannabis.

El Instituto de Regulación y Control de Cannabis (Ircca) presentó un informe que ofrece un balance de los 12 años de la ley de regulación del cannabis en el país. En respuesta a este análisis, los clubes canábicos enviaron una carta en la que expresan su perspectiva sobre el desarrollo del mercado regulado. A través de este documento, buscan contribuir con una visión constructiva que aborde tanto el presente como el futuro del sector.

En la carta, los clubes destacan que, aunque existe una diferencia notable en el número de registrados entre farmacias y clubes, la realidad de la distribución de marihuana es distinta. Según sus datos, las farmacias han distribuido alrededor de 4,25 toneladas de cannabis, mientras que los clubes han dispensado cerca de 4,75 toneladas y producido más de cinco. Esto implica que, con menos de un cuarto de los registros que poseen las farmacias, los clubes abastecen más de la mitad del cannabis que circula en el mercado legal.

Además, los clubes canábicos señalan que el consumo promedio anual por usuario es significativamente mayor en su modalidad, alcanzando los 240 gramos por socio frente a los 50 gramos por comprador en farmacias. Aseguran que este dato no promueve un aumento en el consumo, sino que evidencia su capacidad para atender a usuarios regulares, contribuyendo a la reducción del mercado ilegal y garantizando criterios de trazabilidad, calidad y control sanitario.

En este sentido, argumentan que la evaluación del sistema regulado no debe basarse únicamente en la cantidad de registros, sino también en la capacidad real de abastecimiento, control y sostenibilidad. Se definen como un “actor central” en este ámbito y, por lo tanto, están impulsando la posibilidad de habilitar la venta a turistas. Al respecto, Juan Manuel Varela, vocero del Congreso Nacional de Clubes Canábicos, enfatizó la importancia de su modelo de negocio, que se basa en la producción local, la operación descentralizada y un control directo por parte de los usuarios.

El debate sobre la inclusión de turistas en el acceso a la marihuana legal en Uruguay se enmarca en una discusión más amplia sobre las políticas de regulación del cannabis en el país. Los clubes abogan por un sistema que no solo amplíe el acceso sino que también evite la sobrecarga del sistema farmacéutico, al tiempo que diversifica el mercado. En este contexto, la propuesta de permitir la venta a turistas podría no solo beneficiar a este sector, sino también fortalecer el modelo de clubes, haciéndolo más sostenible y accesible para todos los usuarios que buscan una alternativa legal y segura para el consumo de cannabis.