A pesar de ser el mayor importador de petróleo a nivel mundial a través del estrecho de Ormuz, China se encuentra en una posición privilegiada para afrontar un eventual cierre de esta estratégica vía marítima. El gigante asiático consume grandes volúmenes de crudo del Golfo Pérsico, igualando prácticamente las importaciones de India, Japón y Corea del Sur combinadas. Esta situación plantea interrogantes sobre la dependencia energética de China y su capacidad de adaptación ante crisis en las rutas de suministro.

El cierre del estrecho ha llevado a varios países de Asia a recomendar medidas de ahorro energético a sus ciudadanos, como reducir el tiempo de las duchas o trabajar desde casa. Sin embargo, en China, el principal diario vinculado al Partido Comunista ha afirmado que el país cuenta con su propia "fuente de energía", sugiriendo que tiene recursos suficientes para mitigar el impacto de una interrupción en la importación de petróleo. Aunque el artículo no menciona explícitamente que Pekín ha restringido de manera no oficial las exportaciones de combustible para conservar sus reservas, es evidente que la nación ha implementado políticas a largo plazo para disminuir su vulnerabilidad a crisis energéticas.

Existen varios factores que explican la resiliencia de China en este contexto. En primer lugar, el país ha desarrollado una flota de vehículos eléctricos que es casi tan grande como la del resto del mundo en su conjunto. Esto ha permitido reducir la dependencia del petróleo importado, ya que el crecimiento en el uso de estos vehículos ha llevado a una disminución en el consumo de combustibles fósiles. Además, China ha estado acumulando reservas de petróleo en cantidades significativas, lo que le proporciona un colchón adicional en caso de interrupciones en el suministro.

Otro aspecto clave es el suministro diversificado de energía que ha implementado el país. China ha establecido una red eléctrica que en gran medida se apoya en carbón nacional y fuentes de energía renovables. Esto significa que, a pesar de cualquier eventualidad que afecte las importaciones, el país tiene la capacidad de generar la mayor parte de su energía de manera interna. La combinación de estas políticas ha llevado a una reducción en la necesidad de importar carbón y gas natural licuado, especialmente en las provincias costeras donde estas fuentes son esenciales para la matriz energética.

Según Lauri Myllyvirta, cofundador del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio en Finlandia, la situación actual se asemeja a lo que los planificadores chinos han proyectado durante décadas. Esto valida el esfuerzo de reducir la dependencia de combustibles fósiles transportados por mar, lo que representa un enfoque estratégico para garantizar la seguridad energética del país a largo plazo. A medida que el gigante asiático intenta recuperar su economía tras un periodo de desaceleración, estas estrategias energéticas cobran aún más relevancia en el contexto global actual.

En 2020, China estableció una meta ambiciosa: que las ventas de vehículos eléctricos representaran el 20% del total de vehículos nuevos para 2025. En el último año, las ventas de estos automóviles alcanzaron el 50% del total, lo que significa un cambio drástico en las tendencias de consumo. Este auge en el uso de vehículos eléctricos ha llevado a que el consumo de petróleo de China haya alcanzado su máximo histórico, tras décadas de incremento constante. Las proyecciones indican que el país está quemando e importando menos petróleo del que se esperaba hace pocos años, gracias a esta transformación en su matriz de transporte.

De acuerdo con estimaciones del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio, el volumen de petróleo que los vehículos eléctricos han reemplazado en el último año es comparable a las importaciones chinas de crudo desde Arabia Saudita. Esta situación es un claro indicativo de que la transición hacia energías más limpias y sostenibles está dando frutos, y que China se está posicionando como un líder en esta transformación energética. En resumen, a medida que el panorama energético mundial se vuelve más incierto, la capacidad de China para adaptarse y diversificarse puede ser un factor determinante en su estabilidad económica y política en los años venideros.