En un giro significativo en las relaciones a través del Estrecho de Taiwán, el Gobierno chino ha manifestado su disposición a colaborar con el Kuomintang (KMT), el principal partido de la oposición en Taiwán, en un esfuerzo por "buscar la paz". Este anuncio se produce en el contexto de la visita a China de Cheng Li-wun, actual presidenta del KMT, quien se encuentra en el país para una gira que marca la primera vez en casi diez años que un líder en ejercicio de este partido realiza un viaje oficial a la nación asiática. Durante una conferencia de prensa, la portavoz de la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado, Zhu Fenglian, destacó que la colaboración entre ambas partes es posible siempre que se respete el denominado 'Consenso de 1992' y se rechace la idea de independencia de Taiwán.

El 'Consenso de 1992' se refiere a un acuerdo implícito entre el Partido Comunista Chino (PCCh) y el KMT, que reconoce la existencia de "una sola China", aunque las partes difieren en su interpretación. Zhu enfatizó la importancia de que tanto el KMT como otros sectores de Taiwán apoyen esta postura para avanzar en el desarrollo pacífico de las relaciones. Según la portavoz, "las dos orillas del estrecho de Formosa pertenecen a una sola China", y enfatizó que las tensiones entre la isla y el continente son asuntos que deben ser resueltos por los propios chinos, en lo que Pekín considera una cuestión familiar.

El viaje de Cheng a China incluye visitas a lugares de gran significado histórico, como el mausoleo de Sun Yat-sen en Nanjing, un referente clave para el KMT y la revolución que terminó con la dinastía imperial en 1911. Este viaje no solo simboliza el interés del KMT en mejorar las relaciones con Pekín, sino que también refleja su intención de posicionarse como un actor relevante en el actual clima político de Taiwán, donde el oficialismo, liderado por el Partido Democrático Progresista (PDP), adopta una postura más soberanista y crítica hacia el régimen chino.

Se espera que Cheng se reúna con el presidente chino, Xi Jinping, al final de su visita, aunque la portavoz Zhu no confirmó detalles específicos sobre este encuentro. Sin embargo, subrayó que Pekín otorga gran importancia a la visita de la delegación taiwanesa y que se realizarán los arreglos necesarios para facilitar sus actividades. El KMT, que históricamente ha abogado por un enfoque más conciliador hacia China, busca reactivar el diálogo y la cooperación con el continente en un momento en que las tensiones han aumentado considerablemente.

Por su parte, el oficialismo taiwanés ha criticado abiertamente el viaje de Cheng, instándola a aprovechar su visita para demandar el cese de la presión militar que China ejerce sobre Taiwán. Esta crítica refleja las preocupaciones de muchos taiwaneses sobre la creciente asertividad de Pekín, que ha intensificado sus maniobras militares en la región. En este contexto, la visita de Cheng se presenta como un desafío tanto para su partido como para el PDP, ya que las divisiones sobre cómo manejar la relación con China son profundas en la política taiwanesa.

Antes de su partida, Cheng había declarado que alcanzar la paz con Pekín no es un objetivo inalcanzable, siempre que exista voluntad de ambas partes. Sin embargo, la postura de China hacia Taiwán sigue siendo firme: considera a la isla como una parte inalienable de su territorio y, a pesar de propugnar la reunificación pacífica, no ha descartado la posibilidad de recurrir a la fuerza si es necesario. Este trasfondo complica aún más el escenario y plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones a través del Estrecho, donde la búsqueda de la paz podría estar llena de desafíos y tensiones.