Frente a las costas del sur de Perú, una imponente flota compuesta por cerca de 400 embarcaciones pesqueras chinas ha sido detectada. Este hallazgo fue realizado por el investigador argentino Milko Schvartzman, un experto en pesca ilegal en los océanos Atlántico y Pacífico Sur. El recuento, realizado durante el último fin de semana, reveló la presencia de 342 buques poteros que operaban con sus sistemas de iluminación encendidos, además de entre 20 y 25 barcos nodriza que actúan como base logística en alta mar. Esta situación plantea serias preocupaciones sobre la conservación de los ecosistemas marinos y las especies migratorias que habitan estas aguas.
Schvartzman advirtió que el impacto sobre el medio ambiente marino es alarmante, dado que la flota se mueve rápidamente, lo que aumenta el riesgo de que se dirijan a las aguas de las Islas Galápagos en un futuro cercano. Esta región es ya vulnerable por su riqueza biológica y la presión de la actividad pesquera. El investigador destacó que, a lo largo de este año, el tránsito de estos buques por el sur de Galápagos ha sido más expedito que en temporadas anteriores, lo que podría traducirse en un incremento de la actividad pesquera en un área que, por su biodiversidad, debería estar protegida.
Este fenómeno no es aislado, sino que forma parte de una estrategia global más amplia que involucra a la flota pesquera de China. Según el Overseas Development Institute (ODI), con sede en Londres, se estima que la flota de aguas distantes de China cuenta con alrededor de 17.000 embarcaciones. Sin embargo, el gobierno de Beijing ha admitido oficialmente la existencia de solo 2.500 barcos, de los cuales al menos 600 operan en América Latina de manera constante. La Environmental Justice Foundation (EJF) ha señalado que la actividad pesquera en la denominada “milla 201”, que es el límite de la zona económica exclusiva argentina, ha aumentado un 65% entre los años 2019 y 2024, un crecimiento que se debe principalmente a la intensificación de las operaciones de estas embarcaciones.
El paso de los barcos pesqueros chinos por las aguas de Galápagos no es un fenómeno reciente. Uno de los episodios más notorios fue el caso del Fu Yuan Yu Leng 999, un buque nodriza interceptado en 2017 dentro de la Reserva Marina de Galápagos, que transportaba más de 300 toneladas de especies, incluidas tiburones martillo, en peligro de extinción. Las consecuencias para la tripulación fueron severas: el capitán y tres miembros de la tripulación fueron condenados a pagar una multa de 6,1 millones de dólares y a cumplir tres años de prisión por violar las normativas de pesca de especies protegidas.
Este patrón de conducta se ha repetido con frecuencia en los últimos años. En junio de 2022, el gobierno de Ecuador detectó alrededor de 180 embarcaciones chinas en las cercanías de la zona económica exclusiva de las Islas Galápagos. Más recientemente, un análisis realizado por Global Fishing Watch y citado por el Observatorio de Seguridad y Defensa reveló que, en agosto de 2023, una flota de casi 300 barcos chinos registró 73.000 horas de pesca en un solo mes en las cercanías de Galápagos. En julio de 2025, se informó que embarcaciones como el Haideli708 operaban a solo 60 millas de la zona económica exclusiva de las islas, junto a numerosos barcos similares que, aunque aún no habían ingresado a aguas ecuatorianas, estaban pescando en el límite de su jurisdicción.
Un estudio realizado por la organización C4ADS, especializada en el análisis de redes ilícitas, reveló que el 69% de los barcos dedicados a la pesca de calamares que operaron entre 2021 y 2024 frente a las costas sudamericanas están relacionados con flotas con antecedentes de actividades ilegales o violaciones a los derechos humanos. Este análisis también identificó a la empresa Wei Fong Shipping Company Limited, que dirige una red de buques nodriza asociados a estas actividades cuestionables. La situación plantea un desafío significativo para los países sudamericanos que buscan proteger sus recursos marinos y preservar la biodiversidad en sus aguas, en un contexto donde la presión por la explotación sostenible de los océanos es cada vez más intensa.



