El presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, concluyó su visita oficial a México con un emotivo discurso en el que subrayó la inseparable relación entre Asturias y su comunidad emigrante. Durante su participación en la tradicional jira organizada por el Centro Asturiano de México, Barbón enfatizó que "Asturias no se entiende sin su emigración y sin la Asturias exterior", reflejando así el profundo impacto que la diáspora asturiana tiene en la identidad cultural de la región.
La jira, una festividad que resuena con la tradición asturiana, fue el escenario perfecto para que el presidente resaltara la importancia del asociacionismo en el exterior. Barbón recordó que el Centro Asturiano de México, con más de un siglo de historia, fue fundado en 1919 con una jira, lo que demuestra el lazo histórico y emocional que une a los asturianos en el extranjero con su tierra natal. Este tipo de eventos, según el mandatario, son esenciales para mantener vivas las tradiciones y fortalecer los vínculos entre Asturias y sus emigrantes.
Barbón también reflexionó sobre la historia migratoria de Asturias, descrita como una tierra de emigrantes tanto de partida como de acogida. Esta dualidad, según el presidente, exige que la comunidad asturiana reciba a quienes llegan con "los brazos abiertos, con generosidad y con memoria". En un mundo donde la migración es un tema candente, su declaración se presenta como un llamado a la inclusión y al respeto por la diversidad, valores que son fundamentales en la sociedad actual.
En su discurso, el presidente abordó el contexto internacional, marcadamente polarizado, y subrayó la necesidad de fomentar el diálogo y la comprensión entre los pueblos. "Los adversarios nunca pueden ser enemigos", afirmó, promoviendo la idea de que el entendimiento es clave para superar las diferencias. En este sentido, la jira del Centro Asturiano de México fue presentada como un símbolo de unión, un puente entre Asturias y México que contrasta con la creciente tendencia hacia la división y el aislamiento.
Barbón cerró su intervención agradeciendo a la comunidad asturiana por su cálida recepción y el aprendizaje obtenido durante su estadía en México. Agradeció especialmente un regalo significativo: una reproducción del rey Pelayo, que planea exhibir en su despacho en Oviedo. Este presente, cargado de simbolismo, le servirá como recordatorio diario de los asturianos, tanto los que residen en la región como aquellos que han hecho su vida en el exterior.
Finalmente, el presidente extendió un saludo a toda la diáspora asturiana, asegurando que su mensaje y su aprecio deben llegar a cada rincón donde hay asturianos, reafirmando su compromiso con la comunidad. Con un sentido de gratitud, Barbón cerró su agenda institucional en México, marcando su visita no solo como un viaje oficial, sino como un tributo a la identidad asturiana y a la importancia de mantener la memoria, la convivencia y la unión entre los pueblos en un mundo cada vez más fragmentado.



