La final del fútbol americano, uno de los eventos mediáticos más destacados a nivel mundial, se caracteriza por su despliegue de tecnología, consumo y la esencia de la cultura popular. Sin embargo, la apertura del show de Bad Bunny sorprendió al optar por una representación diferente: imágenes de cañaverales, trabajadores del campo y tierras cultivadas. En cuestión de segundos, el mayor espectáculo deportivo del año planteó una interrogante que rara vez se discute en el ámbito global: ¿quiénes son los verdaderos pilares de la estabilidad económica y la vida diaria en nuestras sociedades?

Esta elección escenográfica no fue casual. En un mundo donde predominan las narrativas urbanas, el sector agropecuario a menudo queda relegado a un segundo plano, a pesar de ser fundamental para la economía y la sociedad. En un contexto marcado por tensiones comerciales y vulnerabilidades en las cadenas de suministro, es cada vez más evidente que la producción de alimentos debe ser una prioridad en la agenda de seguridad y estabilidad global.

En América Latina y el Caribe, más de 40 millones de personas se dedican a la agricultura, lo que representa aproximadamente el 14% del empleo total en la región. Esta cifra destaca la importancia del sector, que no solo alimenta y genera divisas, sino que también sostiene comunidades enteras. Sin embargo, culturalmente, la agricultura rara vez se asocia con innovación o prestigio. La elección de la caña de azúcar simboliza una rica historia económica y cultural en la región, y mostrar el trabajo agrícola en un escenario internacional es un acto de reivindicación de nuestras raíces. La juventud rural, enfrentando desafíos como la migración hacia las ciudades y el acceso desigual a recursos, necesita ser visibilizada, especialmente cuando se trata de garantizar un futuro productivo y cohesionado.