En el marco del juicio conocido como la causa Cuadernos, Jorge Bacigalupo, el expolicía que hizo famosa la entrega de documentos que implican a altos funcionarios, brindó su testimonio ante el Tribunal Oral Federal 7. Su declaración fue marcada por una serie de contradicciones y evasivas, lo que generó un intenso cruce verbal con los abogados defensores de los acusados. Bacigalupo, quien entregó la caja con los cuadernos de Oscar Centeno al periodista Diego Cabot, no escatimó en expresar su aversión hacia el peronismo, lo cual ha suscitado interrogantes sobre su imparcialidad en el caso.
Durante la jornada, Bacigalupo fue enfático al afirmar que su rechazo al peronismo no es algo reciente, sino que se remonta a su juventud. "Todo lo que tenga olor a peronismo me cae como la patada de un burro", manifestó, lo que llevó a los letrados de la defensa a cuestionar su objetividad. A medida que se desarrollaba su testimonio, su relato se tornó confuso, especialmente al referirse a los detalles de la entrega de las cajas y a su interacción con el fiscal Carlos Stornelli, quien lo llevó a declarar en Comodoro Py.
El testigo continuó su exposición admitiendo que Stornelli había visitado su domicilio, acompañado por Cabot. Sin embargo, no pudo precisar con claridad el tiempo que pasaron juntos, lo que alimentó las dudas sobre la veracidad de su versión. A pesar de sus afirmaciones sobre la amistad con Gardel, sus respuestas fueron vistas como evasivas por parte de los defensores, quienes hicieron hincapié en que muchas de sus afirmaciones se basaron en suposiciones en lugar de hechos concretos.
Las defensas, lideradas por abogados como Enrique Arce, quien representa al empresario Mario Rovella, señalaron que Bacigalupo no parecía recordar detalles importantes de su relato. Este hecho es significativo, dado que su testimonio se encuentra en el centro de un caso que involucra serias acusaciones contra figuras de renombre y exfuncionarios del gobierno. A lo largo de su declaración, Bacigalupo reiteró su falta de conocimiento acerca de los contenidos de los cuadernos, afirmando que solo podía suponer lo que Centeno había anotado, basándose en lo que el chofer le había contado en una única ocasión.
La narrativa presentada por Bacigalupo sugiere una motivación personal detrás de su decisión de involucrarse con la justicia. El expolicía afirmó que había visto en esa oportunidad una forma de actuar contra lo que considera una corrupción arraigada en el entorno del peronismo. A pesar de su aparente deseo de aportar a la causa, su relato se vio empañado por la falta de claridad y las reiteradas menciones a su aversión política, lo que plantea interrogantes sobre su rol como testigo en un juicio de esta magnitud.
Finalmente, Bacigalupo declaró que, ante la falta de acción por parte de los funcionarios implicados, decidió contactar a los medios para hacer pública la situación. En este sentido, su relación con Diego Cabot, quien se convirtió en un canal para la entrega de la caja de los cuadernos, se presenta como un punto crucial en el desarrollo del caso. El testigo admitió que mantuvo en secreto la existencia de los cuadernos, incluso de su propio hijo, lo que añade una capa adicional de complejidad a su testimonio y a la percepción pública de su credibilidad.
La audiencia dejó en evidencia las tensiones entre la narrativa de Bacigalupo y las estrategias de defensa de los acusados, lo que podría tener repercusiones significativas en el desenlace de este emblemático juicio. Con el trasfondo de un país dividido políticamente, la figura de Bacigalupo se convierte en un símbolo de las luchas internas y las profundas divisiones que aún persisten en la sociedad argentina, especialmente en el contexto de la corrupción y la justicia.



